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Comunicore 0

Publicado el Octubre 02, 2014 por asuntosinternos

Los candidatos a la reelección deben aprender las lecciones que recibieron Richard Nixon y Alberto Fujimori cuando pretendieron escudarse en el voto popular para evitar el escrutinio de los reporteros de investigación. Nixon y Fujimori se equivocaron. La popularidad de los políticos no desanimó a los periodistas a continuar con su trabajo y comprobar y revelar hechos que, en el caso de Nixon, lo derrumbaron y sellaron el final de su carrera, y respecto a Fujimori, lo condujeron a prisión por graves delitos.

 

Tampoco ayudó a Nixon y Fujimori que la mayoría de los medios de comunicación no informaran sobre la exposición de los casos de corrupción que los comprometían. El silencio y el ostracismo no lograron que los periodistas cesaran en sus investigaciones.

Nixon 1972

Nixon en la triunfal campaña por la reelección, en 1972.

El siete de noviembre de 1972, con una histórica votación a favor de 61 por ciento, Nixon ganó la reelección, a pesar que los reporteros Bob Woodward y Carl Bernstein habían publicado varios destapes que demostraban que el presidente estaba conectado con una operación de espionaje contra la oficina del Partido Demócrata en el edificio Watergate. La abrumadora votación que acaparó Nixon le hizo suponer al republicano que la paliza electoral demostraba que a casi nadie le importaba el caso Watergate y que Woodward y Bernstein abandonarían la investigación. Sucedió todo lo contrario. Los reporteros no soltaron nunca el caso y contribuyeron para que las autoridades colocaran contra las cuerdas a Nixon y este terminara por renunciar a la presidencia, el ocho de agosto de 1974.

 

Fujimori tardó un poco más en dimitir.

 

El ex presidente cumple condena por el caso La Cantuta, el espionaje telefónico, el pago de 15 millones de dólares a Vladimiro Fujimori y la compra de congresistas tránsfugas. Todos estos casos fueron expuestos por reporteros de investigación de medios de comunicación que no habían sido comprados por el régimen.

 

El 12 de julio de 1993, Edmundo Cruz Vílchez, de la revista “Sí”, entonces uno de los pocos medios independientes, publicó el reportaje sobre el hallazgo de restos humanos en Cieneguilla, que después los forenses confirmarían que se trataba de parte de los cuerpos de los nueve estudiantes y un profesor de La Cantuta. Cruz concluyó que la masacre lo cometió el destacamento especial “Colina”, que pertenecía al Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), y respondía a órdenes superiores que alcanzaba a la cúpula del régimen. El nueve de abril de 1995, Fujimori ganó la reelección con un notable 64 por ciento de los votos. La victoria fujimorista no detuvo a Cruz y otros periodistas que se sumaron a las pesquisas.

El 18 de mayo de 2000, Fujimori ganó otra vez. Rompió sus marcas con un espectacular 74 por ciento de la votación. En ese momento, por intermedio de su asesor Montesinos, Fujimori había comprado la línea editorial de casi la totalidad de los medios de comunicación que ocultaban o desmentían los reportajes de los periodistas de investigación. También invirtió una fuerte suma en una campaña de descrédito a los reporteros que exponían la mugre del régimen. Nada de esto, ni la arrolladora tercera reelección, desanimó a esa minoría de hombres y mujeres de la prensa a seguir con su trabajo de exponer la corrupción, el crimen, el fraude del fujimorato.

Fujimori 2000

Campaña reelecionista de Fujimori en el año 2000.

Al retornar al Perú, en 2007, Fujimori tuvo que enfrentar varios de los casos que revelaron los reporteros de investigación entre 1990 y 2000. Por el crimen de La Cantuta recibió 25 años de prisión.

 

La historia parece repetirse.

 

Según las encuestas, el candidato a la tercera reelección a la alcaldía de Lima, Luis Castañeda Lossio, también alcanzará una notable votación. Regresará al sillón municipal, además, con el increíble respaldo de casi la totalidad de la prensa que silencia el Caso Comunicore.

 

 

En el 2010, el reportero Daniel Yovera Soto, entonces del periódico “Perú.21”, destapó que la gestión de Castañeda pagó a la empresa fantasma Comunicore 35.9 millones de soles que le debía originalmente a la empresa de limpieza Relima. Luego descubrió que la misma administración de Castañeda renovó contrato con Relima por diez años más, a pesar de las observaciones de la Contraloría General de la República.

 

Castañeda 2014

Luis Castañeda en campaña reeleccionista 2014.

 

Como resultado, una docena de ex altos funcionarios del entorno más íntimo de Castañeda, con quienes trabajó desde los años 70, enfrenta un proceso penal por corrupción, o son investigados por la fiscalía especializada en lavado de activos.

 

Castañeda probablemente cosechará una alta votación este domingo, con el respaldo de la prensa que oculta a los electores la gravedad de los hechos cometidos durante su gestión -un narcotraficante cobró 35.9 millones de soles del municipio-, pero el resultado no desalentará a los reporteros de investigación a proseguir con el trabajo. Y así quizás Castañeda siga el rumbo de Nixon y Fujimori.

 

 

PD. Todo sobre el Caso Comunicore que no sale en la prensa en: http://paezinvestiga.blogspot.com

 

 

 

Wolfe 1

Publicado el Enero 30, 2014 por asuntosinternos

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Tom Wolfe en su exquisita casa.

 

Tom Wolfe, uno de los periodistas más respetados e influyentes del último siglo, el reportero cuyo estilo se convirtió en una forma de arte, empezó como un practicante cualquiera.

Doctorado en la Universidad de Yale, escribió a 120 periódicos de todo Estados Unidos en busca de un puesto. Wolfe, que soñaba con recibir la llamada del prestigioso “The New York Times”, o de la agencia Associated Press para convertirse en corresponsal en París, sólo fue convocado por el diario “The Springfield Union News”, de la pequeña ciudad del mismo nombre, en Massachusetts, en 1957. Wolfe supo aprovechar la oportunidad. Reporteó noticias sobre la administración municipal y los problemas del servicio de alcantarillado, como si se tratara del oficio más fabuloso del mundo. Nadie sabía que con ese modesto empleo de 55 dólares a la semana Wolfe comenzaba a escribir una gloriosa página de la historia del periodismo. “Me contrataron sobre todo porque tenían curiosidad por saber quién era este tipo con un doctorado por la Universidad de Yale dispuesto a trabajar en su periódico”, relató Tom Wolfe a Marc Weingarten, autor de La banda que escribía torcido (Libros del KO, 2013).

 

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En los 60, Wolfe con Salvador Dalí.

 

Weingarten ha escrito la fabulosa historia de los hombres y mujeres que forjaron el llamado Nuevo Periodismo, una generación de reporteros estadounidenses que escribían historias verdaderas con las técnicas de la literatura. Weingarten, que entrevistó a buena parte de los protagonistas, arranca su relato con la figura Tom Wolfe porque fue él quien le daría la partida de nacimiento a la novedosa tendencia periodística. Pero cuando trabajaba para el diario “The Springfield Union News”, Wolfe todavía estaba un poco lejos de asestarle una patada en el culo al periodismo convencional. Así que resolvió viajar a la capital del país y pedir trabajo al diario “The Washington Post”, donde sabía que ganaría menos, pero que le abriría las puertas a algo parecido al centro del planeta. Entre 1959 y 1962 escribió 315 artículos, ganó un premio nacional por sus reportajes en Cuba, y lo más importante, pudo comenzar a dar rienda suelta a ese estilo que sería la marca de fábrica del Nuevo Periodismo. Sin embargo, “The Washington Post”, acartonado y conservador, carecía del espacio y el oxígeno que necesitaba, de modo que se trasladó al diario “The New York Herald Tribune”, en la Gran Manzana, donde no solo encontró a editores que alentaban su trabajo, sino también a otros periodistas que compartían su deseo de dinamitar el periodismo norteamericano, entre ellos Jimmy Breslin.

No tardó mucho tiempo para que las crónicas de Wolfe rompieran esquemas y cosechara admiradores y detractores. Era una época en que además había decidido vestirse con un llamativo traje y sombrero blanco, que se convertiría en su santo y seña. “Todo el mundo armaba un escándalo por culpa de su ropa, pero yo sabía que era un periodista serio, alguien que hacía su trabajo de campo”, le dijo Breslin a Marc Weingarten. Cosa curiosa, Wolfe reconoce como maestro y su mayor influencia, pero no lo incluye en la antología de los nuevos periodistas. De hecho, Marc Weingarten, como una forma de reparar el daño, tituló su libro con una versión del nombre de uno de los libros más famosos de Breslin, La banda que disparaba torcido (1970), la historia del mafioso Joe Gallo, miembro de la familia Profaci, afincada en Nueva York.

 

Breslin

Jimmy Breslin con Noman Mailer, en Nueva York, en los 70.

 

Tom Wolfe salía a la calle en busca de historias, reporteaba todos los días, hablaba con todas las personas que necesitaba, se sumergía hasta el cuello en la realidad que le interesaba, y escribía como los dioses, con un estilo que hacía añicos la famosa “pirámide invertida”, y con una amplia gama de artificios literarios. Nada inventaba porque al final lo suyo era periodismo. Pero él no era el único. Mientras trabajaba en “The New York Herald Tribune”, Wolfe recibió la propuesta de la revista neoyorkina “Esquire” de viajar a Los Ángeles para reportear una exposición de vehículos de colección pintados y acondicionados y adornados con estilos estrambóticos. Lo que publicó, en 1963, sería la primera crónica con las características que definen al Nuevo Periodismo. No pasó mucho tiempo para que Wolfe alcanzara la fama.

 

Talese

Gay Talese en los 60 en Nueva York.

 

Veintidós de sus crónicas publicadas por “The New York Herald Tribune” y “Esquire”, entre 1963 y 1965, formarían parte de su primer libro, la antología El coqueto aerodinámico rocanrol color caramelo de ron (1965). Había nacido el Nuevo Periodismo y Tom Wolfe se había decidido a demostrarlo con Ponche de ácido lisérgico (1968), La banda de la casa de la bomba (1968) y La izquierda exquisita & mau-mauando al parachoques (1970), todos traducidos al español. Hasta que el 14 de febrero de 1972, la revista “New York” del periódico donde trabajaba, y en cuyas páginas aparecieron sus asombrosas crónicas, Wolfe finalmente dio el grito de batalla. La primera plana del semanario decía: “Así nació ‘El Nuevo Periodismo’, un reportaje del testigo Tom Wolfe”.

El texto se convertiría poco después en el prólogo de una colección de 23 textos de 21 autores –entre los que se contaba el propio Wolfe–, que publicó bajo el título de El Nuevo Periodismo (1973). El chico doctorado en la Universidad de Yale colocaba en un pedestal a ese fenómeno que sacudía desde sus cimientos a la prensa anglosajona. Había llegado el momento en que los periodistas escribían tanto o mejor que los autores de ficción. “No era un ‘movimiento’. Carecía de manifiestos, clubs, salones, camarillas; ni siquiera disponía de un café donde se reunieran los fieles, desde el momento en que no existía credo ni fe. En la época, mediados los años sesenta, uno sólo se daba cuenta de que por arte de magia existía una cierta agitación artística en el periodismo, y de que este hecho resultaba nuevo en sí mismo”, escribió Wolfe.

 

Book

La primera edición de la antología que sacudió el periodismo.

 

Son parte de la antología el legendario Gay Talese, maestro del género, autor de El Reino y el poder (1969), sobre grandes personajes del diario “The New York Times”; Fama y oscuridad (1969), una selección de sus mejores crónicas; y En el nombre del padre (1970), la historia de los Bonano, una poderosa familia de la mafia. Wolfe considera a Talese su maestro. Talese le dijo a Marc Weingarten: “Wolfe es una especie de aristócrata, pero no lo admite. Es un burgués del sur (Richmond, Virginia, dos de marzo de 1931), pero es un hombre elegante. Tiene los mejores modales que he visto en mi vida. Emana una cierta combatividad, y eso que Tom nunca habló mal de nadie”. También aparece Hunter S. Thompson, quien deslumbró con Los Ángeles del Infierno (1967) y Miedo y asco en Las Vegas (1971). Thompson se involucraba en todas las historias. Donde se emborrachaban, él lo hacía; donde se drogaban, él lo hacía; donde se peleaban, él lo hacía. Un estilo al que llamó “periodismo gonzo”. Algo que nunca hizo Wolfe, ni lo hará nadie, porque es único. “El problema con Wolfe es que es demasiado frágil como para participar en sus propias crónicas”, escribió Thompson.

 

Thompson

Hunter S. Thompson en la carretera, en los 60.

 

En la única edición en español de El Nuevo Periodismo (Anagrama) sólo se publican nueve de las 21 crónicas antologadas en el libro original. No están los textos de Gay Talese ni Hunter Thompson. Tampoco aparece Joan Didion. Sin embargo, su colección de crónicas, Los que sueñan el sueño dorado, no hace mucho que ha sido traducida y publicada. Didion es una de las cumbres del periodismo narrativo, y a los 79 años, sigue en actividad. De los 21 periodistas seleccionados, ocho han fallecido. Trece continúan publicando, entre ellos el magnífico Jimmy Breslin. El infatigable reportero escribió El breve dulce sueño de Eduardo Gutiérrez (2002), la reconstrucción de la vida de un inmigrante ilegal mexicano muerto en Nueva York; El alcalde de América: la historia oculta de Rudy Giuliani (2005), sobre el controvertido burgomaestre de Nueva York; y El buen soplón: Una verdadera Historia (2008), relatos de la mafia neoyorkina según sus protagonistas. Es injusto que solo tres libros del maestro Breslin hayan sido traducidos hace mucho tiempo: La banda que disparaba torcido (1970), Mundo sin fin, amén (1973) y El hijo de Sam (1978). Una lástima.

En el 2005, el ex editor de la revista “Harper’s” y reportero Robert S. Boyton, publicó El Nuevo Nuevo Periodismo, un conjunto de entrevistas con 18 continuadores del fenómeno (en la edición en español se incluyen solo a ocho), aparte de Gay Talese. Para Boynton, lo que destapó Tom Wolfe sigue vigente. El fenómeno se ha multiplicado y ha alcanzado otras dimensiones. Es algo que también reconoce Marc Weingarten, autor de La banda que escribía torcido. Aunque al final cita lo que le dijo Hunter Thompson, en tono melancólico: “Tuve jefes que me dejaron escribir lo que quisiera escribir, y trabajé duro en ello. (…) Pero me llevó un tiempo darme cuenta de que aquello no va a producirse de nuevo. Ni en mi vida, ni en la de nadie”. ¡Bang! El 20 de febrero del 2005 Hunter se voló la tapa de los sesos, como lo hizo su héroe favorito, Ernest Hemingway, otro periodista.

 

Weingarten

 

(Una versión de este artículo apareció en la revista “Domingo” de La República, el 19 de enero del 2014.

Autores seleccionados por Tom Wolfe y E. W. Johnson en la edición original de “El Nuevo Periodismo” (1973).

1. George Plimpton (1927-2003): “León de papel”.

2. Gay Talese (1932): “La delicada mente de Joshua Logan”

3. Robert Christgau (1942): “Beth Ann y la macrobiótica” (*).

4. Tom Wolfe (1931): “La izquierda exquisita & Maumauando el parachoques” (*) y “El Fugitivo”.

5. James Mills (1932): “El detective”.

6. Barbara Goldsmith (1937): “La Dolce Vita” (*).

7. Garry Wills (1934): “Sigue el caso sobre Martin Luther King”.

8. Rex Reed (1938): “¿Duerme usted desnuda?” (*).

9. Richard Goldstein (1944): “Gear”.

10. Truman Capote (1924-1984): “A sangre fría”.

11. Joe McGiniss (1942): “Cómo se vende un presidente” (*).

12. Norman Mailer (1923-2007): “Los ejércitos de la noche” (*).

13. Hunter S. Thompson (1937-2005): “El derby de Kentucky es decadente y depravado” y“Los Ángeles del Infierno”.

14. Joe Eszterhas (1944): “El apocalipsis de Charlie Simpson”.

15. Joan Didion (1934): “Los que sueñan el sueño dorado”.

16. Nicholas Tomalin (1931-1973): “El general sale a exterminar a Charlie Cong” (*).

17. Terry Southern (1924-1955): “Bastoneando en Ole Miss” (*).

18. George Goodman (1930): “Timing and a Diversion: The Cocoa Game”.

19. Michael Herr (1940): “La batalla de Je Sanj”.

20. John Gregory Dunne (1932-2003): “El estudio” (*).

21. John Sack ( 1930-2004): “M: Sólo los Fuertes y afortunados sobreviven”.

 

(*) Texto incluido en la edición en español de Anagrama.

Túnel 2

Publicado el Enero 15, 2014 por asuntosinternos

Es mentira que “La República” alertó a los terroristas del MRTA sobre la construcción de un ducto como parte de un plan militar de rescate de los 72 rehenes de la residencia japonesa.

Estos son los hechos.

A las 10 y 30 de la mañana del seis de marzo de 1997, el cabecilla Néstor Cerpa Cartolini se comunicó por radio con el corresponsal de la cadena WTN, Miguel Real Fierros, para informar públicamente que había resuelto suspender el proceso de diálogo con el gobierno de Alberto Fujimori con el propósito de liberar a los cautivos de la casa del embajador Morihisa Aoki. Cerpa alegó que adoptó la decisión porque había comprobado la construcción de un túnel.

Según la declaración de Cerpa:

“Desde hace tres días nosotros hemos venido escuchando algunos ruidos debajo de lo que podría ser el piso de la residencia. Y esto, hoy en la madrugada, se está dando con mayor intensidad. Todo indica, digamos, que existe sin duda, o por lo menos hay la intención, desde nuestro punto de vista, de preparar un ataque militar, utilizando una táctica de ataque externo y de infiltración interna. Eso nosotros lo sabemos perfectamente. (…) Queremos también anunciar que el día de mañana no vamos a asistir a las conversaciones en la medida que no creemos que sea correcto que por un lado se hable de diálogo y conversaciones y por otro lado se está dando este tipo de maniobras, que no es una invención nuestra. Incluso a los propios señores retenidos les hemos hecho escuchar (el ruido de la excavación-NR). Esto tiene que quedar claro, pues hay una salida política negociada, que es de la que habla el gobierno, o una salida militar”.

El siete de marzo de 1997, al día siguiente de la manifestación pública del jefe del MRTA sobre la construcción de un túnel como parte de un plan militar del gobierno para intentar recobrar la libertad de los plagiados, reporteros de investigación de los periódicos “La República” y “El Comercio” confirmaron la existencia del plan de rescate.

 

Portadas

Primera plana de “La República” y “El Comercio”, 07/03/97.

En el caso de “La República”, los reporteros Edmundo Cruz y Óscar Libón, de la Unidad de Investigación, desde enero de ese año habían iniciado el proceso de verificación de la excavación. Solo después que públicamente Cerpa denunció los trabajos del túnel, los periodistas publicaron el resultado de sus indagaciones.

Cruz y Libón dieron cuenta así de sus hallazgos en el reportaje titulado “El SIN construyó túnel”:

“En la tercera semana de enero, reporteros de ‘La República’ observaron y lograron fotografiar y filmar desplazamientos diarios nocturnos de vehículos policiales que salían de una vivienda ubicada en la parte posterior de la residencia del embajador japonés, en la segunda cuadra de Guillermo Marconi”.

“El periódico inició la vigilancia de dicho extraño movimiento de vehículos, a partir de una información confidencial sobre la supuesta construcción de un túnel planeado por el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), con la finalidad de rescatar a los 72 rehenes sometidos por un comando del MRTA”.

 

TEXTO LA REPUBLICA EL TUNEL SI EXISTE

“La República”, 07/03/97.

Los reporteros resaltaron que hacía varias semanas que descubrieron el plan del SIN, pero resolvieron publicar la información luego que Néstor Cerpa anunció la interrupción del diálogo en represalia por la constatación de que el gobierno había optado por la solución militar. Cruz y Libón registraron a vehículos que trasladaban la tierra obtenida de la excavación a la sede del SIN, en Las Palmas, Chorrillos.

Los periodistas escribieron:

“Por razones obvias, se decidió guardar la información recogida en el más absoluto secreto, hasta que, ahora, las evidencias hechas públicas obligan a difundir esta información con exclusivos fines periodísticos”.

 

TEXTO LA REPUBLICA EL TUNEL SI EXISTE

“La República”, 07/03/97.

 

El mismo siete de marzo de 1997, el reportero Miguel Ramírez, de la Unidad de Investigación del diario “El Comercio”, publicó un informe en el que confirmaba la revelación de Néstor Cerpa.

En la portada de “El Comercio” de ese día, como lo hizo “La República”, apareció un gráfico en el que se describe el plan de rescate mediante la excavación con el siguiente texto: “Por la misma ruta que emplearon los terroristas del MRTA para ingresar a la residencia del embajador del Japón, se habría excavado un túnel para introducirse a la casa tomada”.

EC1El Comercio”, 07/03/97.

 

En el gráfico se incluye la fotografía de la casa de la calle Marconi por donde habían incursionados los terroristas. En coincidencia con “La República”, el diario “El Comercio” señala que por ese mismo lugar se iniciaba el túnel: “El vivero (de la calle Marconi) concitó gran atención el día de ayer, pues se especuló inicialmente que ahí nacía el túnel. Más adelante, ‘El Comercio’ tuvo información que precisaba que aquel comenzaba en la vivienda ubicada en Marconi 225. Los montículos de tierra que aparecen en la foto procederían de la excavación y habrían sido llevados hasta el lugar, donde se realizan trabajos de construcción, a fin de no llamar la atención”.

En la página A6, bajo el título “Inteligencia del Ejército propuso ingresar por un túnel. Planteamiento fue hecho cuatro días después de la toma de la residencia”, Miguel Ramírez reportó la información que había obtenido sobre el plan militar del SIN:

“La posibilidad de ingresar a la residencia de la embajada de Japón a través de un túnel, en caso de que se tuviera que recurrir a una medida de fuerza, fue planteada por la Dirección de Inteligencia del Ejército (Dinte), en diciembre del año pasado (1996), reveló ayer una fuente de un servicio de Inteligencia”.

EC12

“El Comercio”, 07/03/97.

 

Y añadió:

“El plan para ingresar por un túnel fue propuesto por un coronel perteneciente a la Dinte; en ese momento no se aprobó, pero tampoco fue desechado. La fuente dijo que desconocía si posteriormente el plan comenzó a ser ejecutado por agentes de la Dinte o se le encargó a otro organismo. Lo cierto es que, de ser veraz la denuncia del cabecilla Néstor Cerpa Cartolini hecha pública ayer, el túnel se llegó a construir”.

La diferencia entre los reportajes de “La República” y “El Comercio” es que en el primer caso los periodistas Cruz y Libón desplegaron un minucioso y sistemático proceso de verificación de la ruta de los vehículos policiales hacia la sede del SIN con toneladas de tierra de la excavación. En el segundo caso, la información la obtuvieron de una fuente propia:

“La fuente señaló que los grupos de la policía asignados a dar seguridad en los exteriores de la residencia japonesa han visto y reportado a sus superiores un profuso, aunque discreto, tránsito de camionetas grandes herméticamente cerradas y prácticamente ‘aplastadas’ porel peso que llevaban en su interior. Estas camionetas, según la versión de la fuente, salían en horas de la madrugada desde una casa ubicada en la calle Barcelona, adyacente a la residencia nipona”.

De modo que “La República” y “El Comercio” por sus propios medios habían obtenido la información sobre la construcción del túnel para rescatar a los rehenes de la residencia del embajador japonés como parte de un plan del SIN. Nada más que la mantuvieron reservada hasta que el líder terrorista Néstor Cerpa acusó al gobierno de planificar un ataque militar mediante una infiltración de fuerzas por una excavación subterránea.

Esta es la verdadera historia.

Hipocresía 0

Publicado el Enero 09, 2014 por asuntosinternos

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Aldo y Los Pasteles Verdes, 1976 (Foto: Infopesa).

 

Las canciones de amor tienen su propia historia y nadie las canta. “Esclavo y amo”, la arrolladora balada con la que Los Pasteles Verdes incendiaron de romanticismo el continente en 1974, resonó cuarenta años después en el Festival de Cannes, Francia. “Esclavo y amo”, originalmente un bolero del mexicano José Vaca Flores convertido en éxito por el ídolo Javier Solís, en 1961, es el tema principal de la película Heli, de Amat Escalante, premiado como mejor director en el certamen cinematográfico. Heli es la trágica historia de amor de dos jóvenes en medio de la narcoguerra en México. Su repercusión ha devuelto a la actualidad a los peruanos de Los Pasteles Verdes cuyas canciones han marcado con fuego a generaciones completas. Amat Escalante (28 de febrero de 1979), no había nacido cuando “Esclavo y amo”, cantada por el inigualable Aldo Guibovich Salazar (Chimbote, 19 de abril de 1953), encendió los corazones de los enamorados de norte a sur, de este a oeste, de día y de noche.

“Esclavo y amo” apareció en el segundo álbum de la banda de Chimbote, Los Pasteles Verdes Volumen II (1974). El grupo fue descubierto por el productor Alberto Maraví Chombo, que los transformó de músicos de cumbia instrumental a baladistas de nota para competir con Los Ángeles Negros, Los Galos, Los Iracundos y Los Golpes. Maraví escogió para el cuarto disco de la banda, Mi amor imposible (1976), una canción napolitana que interpretó Ángela Luce: “Hipocresía”, escrita por los italianos Eduardo Alfieri y Pino Giordano, con la que quedó en segundo lugar en el Festival de San Remo, en 1975. Con un olfato extraordinario para encontrar tesoros musicales, Maraví viajó hasta Italia para comprar los derechos sobre el tema. Como era de esperarse, la descorazonada balada rápidamente se filtró en las listas de los número uno de todo el mundo. En Puerto Rico, el latigazo de “Hipocresía” alcanzó a un cantante aficionado, el puertorriqueño Felipe Muñiz, quien a su vez se la hizo escuchar a su pequeño hijo Marco Antonio, de ocho años. Desde entonces, el niño jamás la olvidó. Más de tres décadas después, bajo el nombre artístico de Marc Anthony, ha grabado la canción en tiempo de salsa para su último álbum, 3.0 (2013).

 

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Los Pasteles Verdes y Alberto Maraví en la sala de grabación (Foto: Infopesa).

Herencia natural

“Mi papá me ha influenciado en todo: en mi forma de interpretar, de vivir sano, en mi filosofía. Papá me crió cantando. Él era cantante, músico y compositor. Él me hizo escuchar ‘Hipocresía’ de Los Pasteles Verdes”, recordó Marc Anthony a la prensa de Montevideo, donde se presentó en noviembre último. Las letras de “Hipocresía” que interpreta el salsero corresponden a la versión en español que hicieron del tema italiano el productor Alberto Maraví y Los Pasteles Verdes.

“Sí, es la canción que hicimos juntos. En uno de mis viajes por el Festival de San Remo escuché el tema y busqué al dueño de los derechos. En Lima pedí a Los Pasteles Verdes que hicieran una versión. No me gustaron las primeras. Después de varios ajustes, Aldo Guibovich, el cantante, encontró el tono justo. ‘Hipocresía’ no es fácil. Contiene mucho drama. Es la historia de alguien que trata de recuperar un amor no correspondido. Ese sentido es lo que Marc Anthony respeta del tema que hicieron Los Pasteles Verdes”, explica Alberto Maraví.

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Alberto Maraví y Aldo Guibovich (Foto: Infopesa).

Al comienzo Los Pasteles Verdes eran solamente Los Pasteles. Cambiaron de nombre cuando improvisaron una presentación en la parroquia de su barrio, en la Urbanización El Carmen, en Chimbote. Después de escucharlos, el sacerdote les dijo: “¡Estos pasteles todavía están verdes!”. Y se quedaron con el nuevo título que les pareció mejor que el original. Se presentaron como Los Pasteles Verdes ante el productor Alberto Maraví, que viajó hasta el puerto norteño en busca de nuevas bandas. Luego de haberlos escuchado interpretar versiones de cumbia instrumental que no lo entusiasmaron demasiado, el director del grupo, Hugo Acuña, le pidió a Maraví que le permitiera cantar una balada al utilero de los músicos, un muchachito muy delgado de 19 años. Soltó el bolero “Angelitos Negros”, un poema del venezolano Andrés Eloy Blanco convertido en bolero por el azteca Manuel “Maciste” Álvarez, grabado en 1948 por Pedro Infante. Maraví dio un brinco y les dijo a todos: “¡Esto es lo que tienen que hacer! ¡Baladas! No hay ningún grupo peruano que lo haga”. El cantante era Aldo Guibovich. “Angelitos Negros” sería parte del repertorio del disco debut, Recuerdos de una noche (1973), título de la balada del mismo nombre de Fernando Arias, un joven compositor de los chimbotanos que conquistó a cuanto romántico encontró a su paso. También sonó mucho la versión de “El Reloj”, del mexicano Roberto Cantoral.

“Hicimos nueve álbumes y todos fueron un tremendo éxito. Nos tumbamos a Los Ángeles Negros”, afirma Maraví, que recompuso la banda en 1977, luego que el director Hugo Acuña, y su hermano el tecladista César Acuña, y otros músicos, rompieron el grupo por desavenencias. Maraví recompuso a la banda con otros componentes bajo el nombre de Aldo y Los Pasteles Verdes. El nuevo combinado fue el que grabó precisamente “Hipocresía”, que los devolvió a la cima. Luego de casi cuatro décadas, Marc Anthony ha reactualizado el tema original de Alfieri y Giordano, sin seguramente conocer la verdadera historia de esta canción de amor.

“Iprocrisia”, la versión original por Ángela Luce:

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“Esclavo y amo”, la versión original de Javier Solís:

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“Hipocresía”, por Los Pasteles Verdes:

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“Esclavo y amo”, por Los Pasteles Verdes.

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GABO 1

Publicado el Noviembre 11, 2013 por asuntosinternos

La primera vez que conoció a ese tipo flaco como un alambre al que todos llamaban “Gabo”, le cayó como una bomba a Plinio Apuleyo Mendoza. Más de sesenta años después de ese encuentro en un café de mala muerte de Bogotá, en una época en la que el tipo flaco como un alambre solo había publicado dos cuentos en el periódico El Espectador, y pasaba la mayor parte del tiempo en burdeles y cantinas, Mendoza es probablemente el mejor amigo de Gabriel García Márquez. A esa amistad inquebrantable le ha dedicado un tercer libro, Gabo: Cartas y recuerdos (2013), que, como lo indica el título, contiene algunas joyas de la correspondencia que han intercambiado los amigos, compadres y cómplices.

La colección de diálogos con García Márquez, El olor de la guayaba (1982), publicado el mismo año en que el colombiano ganó el Premio Nobel, dejaba constancia de que Mendoza era el que conocía las claves de la vida y de la escritura del “Gabo”.

Poco después apareció La llama y el hielo (1984), cinco retratos compuestos por Mendoza, entre los que se encontraba el de Gabriel García Márquez bajo el título de “El caso perdido”, que alude a una corriente de opinión que sentenciaba que “Gabo”, en los primeros años de su carrera, no llegaría a ninguna parte porque era poco menos que un malandrín. “El caso pedido” confirmaba que Plinio Apuleyo Mendoza era sin duda el mejor biógrafo de García Márquez.

Casi tres décadas después, Plinio Apuleyo Mendoza publica una versión más amplia de “El caso pedido” y le agrega una selección de cartas que develan a un Gabriel García Márquez en la intimidad. Con Gabo: Cartas y recuerdos, Mendoza se reivindica con los lectores que le reclamaban sacar a la luz algunas joyas de ese tesoro que es su amistad con “Gabo”, ese tipo delgado como un alambre que le tocaba el culo a la mesera en el bar bogotano donde coincidieron por primera vez.

Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Marquez en los años 60.

Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Marquez en los años 60.

Amistad y complicidad

“El García Márquez pobre y aún desconocido (…) es el mismo Gabo que conocí en un café de Bogotá cuando él solo tenía veinte años y yo cuatro o cinco años menos: el mismo que encontré en París en los años cincuenta para vivir como amigos una similar aventura en buhardillas, bares y cafés del Barrio Latino; el mismo que recorrió conmigo los países comunistas (en pos de un sueño siempre frustrado) antes de regresar a América para abrirnos paso como periodistas en Caracas, Bogotá o La Habana. Compartiendo la misma devoción por la literatura, yo veía como le robaba al sueño horas enteras para escribir cuentos o novelas. Me enseñaba siempre sus manuscritos. Es el Gabo desconocido que recordamos sus más cercanos y antiguos amigos”, escribe Mendoza en el prólogo del libro.

Sí, hasta el día de hoy Plinio Apuleyo es uno de los pocos privilegiados testigos no solo de la gestación de los libros del “Gabo” sino también del proceso de escritura de los mismos, como de El otoño del patriarca (1975). En 1963, doce años antes de que García Márquez publicara la novela sobre los sátrapas latinoamericanos, le confió en una carta a Mendoza que terminar el libro era una cuestión de vida o muerte:

“Compadre: La vejez me dará por ser ratón de biblioteca. He acumulado una impresionante cantidad de datos para la novela del dictador y ahora estoy seguro de su biografía no se parecerá a la de ninguno. No hay remedio: será una novela de ciencia ficción, con una especie de coronel Aureliano Buendía en el poder durante 32 años en un país bananero. (…) Para mí es casi un problema moral el hecho de que no deben usarse más palabras de las que exige la acción. (…) En fin, que esto de escribir se vuelve cada día más complicado. Para mí, la novela del dictador se ha convertido en un límite: o me hundo de una vez o doy un salto al otro lado. Con esa convicción la estoy trabajando 10 horas al día”.

Gabo2

Se han publicado muchas biografías de César Vallejo, pero una de las mejores es Itinerario de un hombre (1965), escrita por Juan Espejo Asturrizaga, amigo íntimo del poeta. Espejo, debido a la estrecha relación con Vallejo, desentraña lo que no pudieron los exégetas de Los Heraldos Negros y Trilce. De la misma manera, los misterios de la creación de varios de los títulos de Henry Miller y Lawrence Durrell se pueden descubrir en la correspondencia que entre 1935 y 1980 mantuvieron los autores de Primavera Negra y el Cuarteto de Alejandría.

En la misma línea se ubica el libro de Plinio Apuleyo Mendoza. Una vez que terminó de escribir Cien años de soledad (1967) no la envió a la imprenta hasta que sus amigos no la leyeran y aprobaran. Mendoza era, por supuesto, uno de ellos. El proceso creativo resultó muy apremiante porque el colombiano sufría estrecheces y angustias. Y estaba bajo amenaza. Si la novela no pegaba, su esposa lo dejaría. Eso es lo que le relató a Mendoza el 27 de junio de 1966:

“Compadre: Vivo de mis reservas hasta terminar la novela. En dos semanas estará terminado el impresionante mamotreto de 800 páginas. (…) Ha sido una locura. Escribo desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde; almuerzo, duermo una hora, y corrijo los capítulos del principio, a veces hasta las dos y tres de la madrugada. Nunca me he sentido mejor: todo me sale a torrentes. Así desde que regresé de Colombia, No he salido a ninguna parte: Mercedes aguanta como un hombre, pero dice que si luego la novela no funciona me manda a la mierda”.

Fama y necesidad

Gabo y Plinio Apuleyo en los 70.

Gabo y Plinio Apuleyo en los 70.

Concluido el libro, para García Márquez era trascendental la opinión de los amigos. Después de que Mendoza se la dio, “Gabo” le escribió el 17 de marzo de 1967:

“Compadre: Esta noche, después de leer tu carta, voy a dormir tranquilo. El problema con Cien años de soledad no era escribirla, sino tener que pasar el trago amargo de que la lean los amigos que a uno le interesan. Ya faltan pocos, afortunadamente, y las reacciones han sido mucho más favorables de lo que yo me esperaba. (…) No creas que esta tensión no tiene consecuencias. Hace dos días, manejando por el periférico, solo, se me paró el corazón. Alcancé el carril de baja velocidad, y hasta tuve tiempo de pensar que aquella era una manera bastante pendeja de morirse, pero salí adelante con el corazón dando saltos como un sapo loco. Después de dos días de toda clase de manoseos médicos, me han dicho que es solo una arritmia nerviosa. Debe ser cierto, porque esta tarde, cuando leí tu carta, se me normalizó el ritmo cardíaco”.

Mendoza inserta cartas en las que se constata que el efecto de la fama agobió a “Gabo” al punto que se convirtió en una amenaza para su carrera luego del impacto de Cien años de soledad. Mientras que para otros la fama terminó convirtiéndose en una forma de vida, para García Márquez representaba la liquidación de la creatividad. Con esa convicción retomó el libro que se le ocurrió en 1958. Tuvo que hacerlo todo de nuevo. De haber sido atrapado por la fama, no habría trabajado como un obrero de la literatura. El 22 de mayo, “Gabo” escribió a Mendoza:

“Compadre: Como comprenderás, apenas si me queda tiempo para otra cosa. Esto ha sido agravado por mi decisión de cambiar por completo el enfoque de la novela del dictador, que estaba agarrada por donde no era”.

En otra carta, añadió:

“El Patriarca, ahora sí, va como cañón. Sale solo, y estoy tan alegre y tan sorprendido, que he suspendido las vacaciones de Semana Santa, y estoy dispuesto a suspender también las de verano, solo por no cortar el chorro. Si no se me van los ángeles que ahora revolotean por el cuarto, estoy seguro de que en el curso de este año tendré el borrador completo”.

La verdad es que se tomó unos años más. Recién publicó la novela en 1975. Cada libro era una sacada de vuelta a la fama. Nada más cierto. “Me estorba. La fama me intimida, y la consagración se parece mucho a la muerte”, le dijo Gabriel García Márquez a Plinio Apuleyo Mendoza, a quien conoció cuando era un tipo delgado como un alambre y al que todos llamaban “Gabo”.

VILLAFUERTE 0

Publicado el Junio 22, 2012 por asuntosinternos

Adrián Villafuerte Macha, el consejero en la sombra del presidente Ollanta Humala, niega cualquier parecido con Vladimiro Montesinos, el asesor en la sombra del ex mandatario Alberto Fujimori.

Si Villafuerte hace notables esfuerzos por no parecerse a Montesinos, no se nota.

Villafuerte ha formado un entorno con oficiales de su promoción en el Ejército, igual que Montesinos.

Villafuerte dispone pasar al retiro o ascender a oficiales de las Fuerzas Armadas, igual que Montesinos.

Villafuerte influye en la designación de ministros y altos funcionarios, igual que Montesinos.

Villafuerte recibe el saludo militar de la alta oficialidad del Ejército a pesar de encontrarse en el retiro, igual que Montesinos.

Villafuerte recibe información sensible de parte de las autoridades de la comunidad de inteligencia por disposición del jefe de Estado, igual que Montesinos.


Villafuerte toma decisiones a espaldas de los ministros y de los jefes militares, igual que Montesinos.

Villafuerte despacha con el jefe de Estado en materia de defensa e inteligencia, igual que Montesinos.

Villafuerte es defendido por el primer ministro cuando recibe ataques de la oposición, igual que Montesinos.

Villafuerte desarrolla actividades desconocidas y no es fiscalizado por el Congreso, igual que Montesinos.

Villafuerte en el pasado mantuvo vínculos con personajes relacionados con la corrupción, igual que Montesinos.


Villafuerte jamás se ha arrepentido o disculpado por sus contactos con el crimen organizado, igual que Montesinos.

Villafuerte ha recibido el respaldo del presidente, no obstante su sumisión a personajes corruptos que purgan condena, igual que Montesinos.

Villafuerte estrecha lazos con miembros de la familia del presidente para fortalecer su círculo de poder, igual que Montesinos.

Villafuerte no acepta entrevistas con la prensa, igual que Montesinos.

Villafuerte detesta el escrutinio de los periodistas, y cuando se entera que es investigado, busca a los propietarios de los medios para tratar de interferir, igual que Montesinos.

Camina como pato, grazna como pato, pero Villafuerte dice que no es un pato.


A Adrián Antonio Villafuerte Macha, nacido en Huancayo el 22 de septiembre de 1959, lo llaman “El Ácido” sus compañeros de promoción Coronel Mariano Aragonés, que egresó en 1977. Lo llaman así no precisamente por su rostro ceñudo sino por su pesimismo, mala vibra y urticantes puntos de vista.

El momento cumbre de la carrera militar de Villafuerte empezó en 1997, cuando Fujimori designó al general EP César Saucedo Sánchez como ministro del Interior. Saucedo era el mentor, protector y conductor de Villafuerte.Villafuerte era su rendido secretario personal. Y como tal, lo siguió a donde lo llevó. En 1998, Saucedo juró como ministro de Defensa, y Villafuerte lo acompañó como su secretario personal. Ese mismo año Saucedo asumió la presidencia del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y la comandancia general del Ejército, y Villafuerte actuó como su secretario personal en ambos casos. En el 2000, Saucedo regresó como ministro del Interior, y Villafuerte continuó como su secretario personal. Y lo siguió siendo hasta que Fujimori escapó a Japón y Montesinos a Venezuela.

Saucedo, a quien sirvió, está preso por corrupción.

Villafuerte, que no sólo fue secretario personal del general Saucedo sino que también firmó la vergonzosa “acta de sujeción” a Montesinos, en 1999, ahora trabaja en Palacio de Gobierno con Ollanta Humala.

Pero aquí no pasa nada.

Antes de ser amigo de Ollanta Humala, Villafuerte lo fue de su hermano Antauro.

En 1990, cuando se desempeñaba como jefe del Batallón Contrasubversivo 324, en Jauja, Adrián Villafuerte fue el jefe de Antauro Humala. Incluso le correspondió a Villafuerte, como su superior, otorgarle a Antauro excelentes calificaciones por su desempeño en la guerra contrasubversiva. Desde entonces se hicieron íntimos amigos, lo que le franqueó el acceso a la familia Humala, y en especial, a Ollanta, a cuya campaña presidencial se sumó con naturalidad en el 2006.

Villafuerte es un conocido de la familia Humala, además, porque es compañero de la promoción del coronel EP en retiro Jorge Zerillo Bazalar, hermano del congresista nacionalista Manuel Zerillo, casado con Raquel Tasso Clímaco, sobrina de la madre de Ollanta y Antauro Humala.

Ahora es fácil entender por qué “El Ácido” es un hombre de extrema confianza del presidente Ollanta Humala. No será igual que Montesinos, pero parece seguir su rumbo. No será un pato, pero camina como un pato.

VASENKOV 2

Publicado el Junio 01, 2012 por asuntosinternos

Siempre que un espía es descubierto, hay un traidor de por medio. El caso de Mijaíl Anatololievich Vasenkov, más conocido como Juan Lázaro Fuentes, el falso uruguayo nacionalizado peruano, confirmó la regla. Vasenkov fue delatado por otro espía.

El 28 de junio del 2010, el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) anunció el descubrimiento de una red de “espías durmientes” y la detención de diez de ellos en distintas ciudades de los Estados Unidos. “Espías durmientes” se les llamaba desde la Guerra Fría a los agentes soviéticos que se infiltraban en territorio norteamericano bajo una identidad y nacionalidad falsas y después de años lograban la ciudadanía norteamericana. A los peruanos sorprendió especialmente el arresto de la periodista Vicky Peláez, en compañía de su esposo, el presunto uruguayo Juan Lázaro Fuentes, con quien vivía en Yonkers, Nueva York. Aunque en un principio Lázaro aseguró a los agentes federales que se habían equivocado con él, pocos días después de su detención, el ocho de julio, aceptó que su verdadero nombre era Mijaíl Anatololievich Vasenkov y que era ruso de nacimiento.

La historia parecía haber terminado cuando las autoridades estadounidenses y rusas acordaron un intercambio de espías: Moscú entregó a cuatro y Washington diez, entre ellos Vasenkov y Peláez. Poco se supo de la pareja hasta que el 10 de octubre del 2010, mediante nota de prensa del Kremlin, se informó que en una ceremonia oficial el presidente Dimitri Medvedev la condecoró con la máxima distinción por su contribución a la causa de la Madre Patria rusa. Vasenkok no era cualquier “espía durmiente”.

NO DIGAS NUNCA

El periódico moscovita “Kommersant”, reconocido por sus contactos en el Kremlin, ha revelado que el Servicio de Inteligencia Exterior (SVR, en ruso) ha identificado a Aleksandr Vasilyevich Shcherbakov, ex jefe de operaciones en América del SVR, como el delator que entregó al servicio secreto estadounidense la verdadera identidad de Vasenkov y de los otros nueve espías.

Según el mencionado periódico “Kommersant”, y también a recientes informaciones difundidas por el diario londinense “The Telegraph”, Shcherbakov desertó a favor de Estados Unidos debido a disputas internas con sus jefes en el SVR, a lo que se sumaron problemas de índole familiar. Shcherbakov mencionó que el más prestigioso de los “espías durmientes” era Mijaíl Anatololievich Vasenkov. Para probar los dichos de Shcherbakov, el FBI interfirió las comunicaciones de Vasenkov y de su mujer, Vicky Peláez, y pescaron referencias sobre su verdadera identidad rusa.

Empero, cuando los federales lo detuvieron e interrogaron, Vasenkov negó firmemente llamarse Vasenkov. Los agentes creyeron por un momento que Shcherbakov los había engañando. Entonces Shcherbakov les recomendó que le hicieran algunas preguntas específicas, las que terminaron por quebrar al detenido. Lázaro confesó que era Vasenkov.

Pisó por vez primera Perú el 13 de marzo de 1976 y no vino de turista. Su pasaporte decía que se llamaba Juan Lázaro Fuentes, nacido el seis de septiembre de 1946, en Montevideo, pero llegó procedente de Barcelona, España, donde afirmó que vivió desde los siete años de edad. Se insertó rápidamente en la capital como estudiante de periodismo en la Universidad San Martín de Porres, profesor de artes marciales y reportero gráfico de algunas revistas limeñas. Se enamoró de Vicky Peláez y se casó el tres de diciembre de 1983. La idea original de Vasenkov, sin embargo, no era sentar cabeza y formar una familia.

FRÍO EN LA NUCA

El ex jefe de archivos del KGB, Vasili Mitrokhin, en sus memorias sobre el espionaje soviético durante la Guerra Fría, escribió que luego de la caída del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975), el Kremlin se preocupó por el rumbo que su sucesor, el general Francisco Morales Bermúdez (1975-1980), le daría al gobierno peruano. Moscú había recibido información de que Morales Bermúdez daría un giro hacia la derecha y que se alienaría a los Estados Unidos, pero el militar peruano les dijo que no se preocuparan, que todo marcharía igual. La misión de Vasenkov consistía en establecer si Morales Bermúdez los estaba embaucando. No tardaría en informar a Moscú que la junta militar se había derechizado. Cumplida su tarea, sin embargo, Vasenkov se quedó.

A fines de la dictadura de Morales Bermúdez, el cuatro de julio de 1979, el falso Lázaro recibió la nacionalidad peruana. Continuó en Lima hasta 1984, en que su vida sufrió un giro dramático debido al secuestro de su esposa, la periodista Vicky Peláez, a manos del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Bajo el argumento de no tener condiciones para trabajar en Lima, Peláez y su marido viajaron a Nueva York en 1985, con el propósito de residir permanentemente. En Estados Unidos a Lázaro se le presentó la extraordinaria oportunidad de recomenzar otro ciclo como “espía durmiente”, esta vez como el esposo peruano de Vicky Peláez. En 1997, la reportera recibió la residencia norteamericana, facilitándole la labor de espionaje al falso Lázaro.

En total, Vasenkov trabajó como “espía durmiente” en los Estados Unidos durante 25 años. Todo un récord. Se trataba sin duda de un valioso agente. Y los rusos sintieron la estocada. “Lo que sucedió fue resultado de una traición y los traidores siempre terminan mal”, comentó el ex presidente Vladimir Putin en alusión a lo sucedido con los espías rusos detenidos en Norteamérica. Putin, un ex agente del KGB, sabe lo que dice. Lo irónico es que Vasenkov, como el delator Shcherbakov, son hijos de dos héroes de la Guerra Patria soviética. En el mundo del espionaje, el traidor puede salir de las mejores familias. FIN.

Prensa de guerra 9

Publicado el Abril 25, 2012 por asuntosinternos

Qué fácil es escribir sobre la guerra desde un cómodo sillón.

El encuentro que reporteros de “La República”, “El Comercio” y “24 Horas” sostuvieron con una columna senderista encabezada por el “camarada Gabriel”, cuando salieron en busca de un helicóptero derribado cuya pérdida no había sido reconocida por el gobierno, exaltó la crítica de un sector de colegas por haber servido de “caja de resonancia” del grupo alzado en armas. Unos cuestionaron que se le ofreciera tribuna a un criminal que se solazaba por el reciente asesinato de policías y militares, y otros deslizaron que se trató de un montaje. En cualquiera de los dos casos, los críticos nunca preguntaron a los protagonistas lo que había pasado en Alto Lagunas, lo que indica que no les interesaba conocer la verdad sino lucirse en el viejo deporte nacional del raje, la mala leche y la envidia.

Como todo reportero que se respeta, a pesar del temor y el estrés de estar rodeados y encañonados por una agrupación cuyos fusiles pocos días antes habían liquidado a varias personas, cumplieron con su misión.

Esa es la labor de un corresponsal de guerra. Nada más ni nada menos que contar la guerra, aunque le guste o no a alguno de los bandos, ni al propio periodista.

El reportero inglés del periódico “The Times”, George Steer, se infiltró en Guernica después que una horda de bombarderos nazis Ju-52, liderados por el teniente coronel Wolfram von Richtofen, al servicio del golpista Francisco Franco, atacó a la población civil, en 1937. Steer puso en riesgo el pellejo y relató la masacre a todo el mundo. Los franquistas acusaron de “agente comunista” a Steer.

George Steer, 1940.

Después del lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima, en 1945, el ejército estadounidense tendió un cerco para impedir que la prensa informara sobre los efectos de la radiación en los seres humanos. El reportero australiano Wilfred Burchett burló la censura y entrevistó a los sobrevivientes en los hospitales y escribió un desgarrador reportaje, “La plaga atómica”, que publicó el periódico londinense “Daily Express”. Fue el primer periodista occidental en revelar las atrocidades de la bomba. El general Douglas McArthur acusó a Burchett de “propagandista japonés”.

Wilfred Burchett, 1953.

Mientras que el dictador Fulgencio Batista declaraba que Fidel Castro estaba muerto y que su ejército rebelde había sido arrasado, el corresponsal del diario “The New York Times”, Herbert Matthews, lo entrevistó en la clandestinidad en Sierra Maestra, en 1957. No solo constató que estaba vivo sino que avanzaba con dirección a La Habana. El dictador Fulgencio Batista alegó que era falsa la historia y atribuyó a Matthews haber fabricado el encuentro.

Herbert Matthews, 1960.

Durante el conflicto de Vietnam, cuando el presidente John Kennedy anunciaba el inminente triunfo norteamericano sobre los comunistas, el periodista David Halberstam informaba que sucedía todo lo contrario. El pueblo vietnamita odiaba a los invasores estadounidenses y perdía la guerra. Kennedy exigió al director del diario “The New York Times” que relevara a Halberstam porque sus despachos estaban repletos de mentiras, glorificaba al enemigo y dañaba la moral delas tropas norteamericanas. “Es un traidor a la patria”, le dijo. El director se negó. Halberstam continuó en Vietnam y se ganó el premio Pulitzer, en 1964.

David Halberstam, 1963.

Seymour Hersh, en este caso un periodista independiente, en el sentido de que no trabajaba para ningún gran medio de comunicación, descubrió que las tropas estadounidenses masacraron a más de 400 pobladores de una aldea agrícola llamada My Lai, en represalia por una emboscada de los vietcong, en 1968. Gran parte de las víctimas eran niños. Un juicio militar secreto se ventilaba contra los asesinos para que el público no se enterara de lo sucedido. La gran prensa de Estados Unidos, alineada a favor de la guerra contra los comunistas de Vietnam, no le dio crédito a la información bajo el argumento de afectaba el patriotismo estadounidense. Hasta que el periodista Joe Eszterhas, del diario “The Plain Dealer”, de Ohio, consiguió y publicó fotografías de la matanza, lo que confirmó lo revelado por Hersh. En 1970 le dieron el Pulitzer.

Seymour Hersh, 1975.

Recientemente, el corresponsal del periódico madrileño “El Mundo”, Javier Espinosa, fue víctima de acoso por parte del régimen de Siria por reportar las atrocidades cometidas por las tropas del tirano Bashar Al-Assad en la ciudad rebelde de Homs. Creyeron que lo habían matado y difundieron la noticia. Espinoza estaba vivo, a diferencia de dos colegas, uno de la revista “Paris Match” y otra del diario “Sunday Times”, que cayeron víctimas de un bombardeo.

Espinoza sobrevivió para decir una gran verdad: “Periodismo es ir al lugar del conflicto y contar todas las historias que se encuentran”. Eso es lo que hicieron los reporteros que tropezaron con “Gabriel”. El periodismo de guerra no se hace desde un mullido sillón.

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Publicado el Septiembre 15, 2011 por asuntosinternos

Manuel Jesús Orbegozo en uno de los encuentros con Ernest Hemingway.

Manuel Jesús Orbegozo se dio el lujo de entrevistar a William Faulkner, Gabriela Mistral, Ernest Hemingway, Robert Frost, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez en un país donde se lee poco y se olvida rápido. Cazurro, inteligente y sentimental, el estilo de MJO es incomparable. Conocía a fondo al personaje, manejaba el verbo activo como un futbolista frente al arco y detectaba estados de ánimos imperceptibles ante los ojos de cualquier otro mortal. La crónica sobre Hemingway en Cabo Blanco es excepcional. Pertenece a su primera época. En un tiempo en que se pide a los periodistas escribir poco para no aburrir al lector, reproducimos la historia de MJO con Hemingway en un paraje del desierto piurano, para que aprendan qué es periodismo esos que leen poco o nada y calientan asientos en las redacciones. Salud con pisco, maestro.

El Merlín que nunca “picó”

Ese día, Hemingway no “picó”.

Sé, positivamente, que el viejo Ernest fue tras mi anzuelo, pero no “picó” porque la “carnada” no estuvo bien preparada y porque él es un “sota” de merlín. Hemingway, que vive por la boca, no podía morir como un pez.

La “carnada” decía lo siguiente:

Talara, 14 de abril de 1956.

Sr. Ernest Hemingway

Presente.

De mi admiración:

He venido expresamente a esta ciudad para presentarle el saludo de los escritores de mi país, agrupados en el “Círculo de Escritores del Perú”, y a la vez, invitarle a visitar la Capitanía de la República y el Cusco, Capital Arqueológica de América.

El “Círculo de Escritores del Perú” aprovechará de esta oportunidad para inaugurar en Lima, en homenaje público de admiración a su talento merecedor, últimamente, del Premio Nobel de Literatura, un busto suyo, obra del escultor nacional Ccossi Salas.

Los detalles de su viaje a Lima y del homenaje lo ultimaremos personalmente.

De usted, atto. Y S.S.

Manuel Jesús Orbegozo.

Hemingway me miró de pies a cabeza en un dos por tres y sonrió. Infló sus carrillos de conejo y volvió a sonreír. Todo fue sonrisas. Me extendió la mano luego de pasarse la caña de pescar a la izquierda. Eran las cinco de la tarde y acababa de desembarcar en su segundo día de pesca en Cabo Blanco.

Hemingway se devoraba la “carnada” con los ojos, pero no se animaba a “picar”. Le brincaba el corazón ante la carta. Gozaba con la invitación. Pero dudaba. A los mejor se acordaría de Juan José de Soiza que hizo lo mismo para entrevistar a Clemenceau. Y no “picó”.

Se me escabulló de las manos, como un pez.

Mary Hemingway, me decía al siguiente día: “Hemingway iría al Cusco y a Lima, pero le tiene más miedo a los homenajes que a los tigres”.

En el fondo, yo lo había arruinado todo.

EL VIEJO SANTIAGO TRAICIONADO

“Al calamar hay que comerlo en su tinta”, dijo en su diario el periodista Jorge Donayre. Y así fue. A Hemingway “nos lo comimos en su tinta”.

Yo fui con Hemingway a alta mar. Me embarqué sin que se diera cuenta, en la lancha “Pescadores Dos” a la que subí de “pavo”. A la que subí con un portaviandas, y donde hasta tuve que esconderme en un W.C., pero de lujo.

Hemingway iba de pie en la cubierta de la “Miss Texas” del Club Cabo Blanco. Iba mirando el horizonte. Con su “jockey” metido hasta las orejas y su “short” que permitía verle las largas y poderosas piernas de andarín. Llevaba los brazos al aire como unas banderas, mostrando una musculatura de leñador. Bajó después de una hora y se puso a jugar con su caña e pesca.

-Total, esa es la vida, Ernest Hemingway: Juego, jugar…

Jugar a atrapar a un pez después de una hora de espera o de lucha. O al revés. Porque esa es su vida.

Juego de azar. Tirar el anzuelo y ponerse a esperar como un chino. La lancha cabriolea en una interminable “pega cortada” con el mar. Detrás viene un pez de mentira y otro de verdad. Un pez grande y un pequeño. Cumpliendo cada cual con esa ley casi bíblica de que el pez grande se comerá al chico.

Allí iba Heminway jugándole sucio al merlín que quería pescar para su película. Porque la carnada era un pez de metal. Yo lo vi. Era un pez brillante, nuevecito. Hemingway quedaba mal. No les jugaba limpio a los peces.

Hemingway se movía lentamente. Cuando llegó al aeropuerto, un compañero dijo que parecía un oso polar. No se equivocó. Así se movía en la lancha. Y no por no poderlo hacer a la velocidad de un balazo o de un “upper-cut”, sino porque él es así. Recordé la opinión de un escritor y le dije a propósito, con el pensamiento:

-Usted es frívolo, Mr. Hemingway.

-No –protestó él- recuerde la obviedad de los movimientos de los animales. Los animales pueden ser obvios pero no ridículos ni frívolos.

Eran las tres. Ocho horas estábamos ya en el ejercicio. Hemingway se escurrió dentro de la lancha, aburrido o arrepentido de estar traicionando al personaje de su “Viejo y el mar”. Porque el viejo Santiago estaba solo con su pez y su inmensidad. Y Hemingway no. Hemingway estaba acompañado, en una lancha de lujo y con amigos. Con su whiskey, sus sándwiches de jamón y huevo duro. Él no estaba solo. Pensaría en el viejo Santiago y su mar y debió sentir remordimiento. Debió aburrirse con la compañía de los demás.

Por eso se metió de cabeza en la lanchita veloz.

De izquierda a derecha, Mario Saavedra-Pinón (El Comercio), Jorge Donayre Belaúnde (La Prensa) y MJO (La Crónica), con Hemingway y Mary Welsh, su esposa.

¿HEMINGWAY ES SNOBISTA?

Desde la “Pescadores Dos” se veía el rostro del viejo Ernest. El sol era un herrero que atizaba sobre la tez del escritor. Estaba al rojo. De repente se alegró a fondo. Cada metro de cordel que halaba hacía cambiar en gesto a la tripulación. Todo se apagó como un volcán, cuando Rufino Tume , el Capitán, gritó: “No es merlín, es gibia”.

Mary Hemingway, obscureció, también, su alegría gigante. Hace diez años que es su mujer. Contó: “Nos conocimos en Londres, cuando él y yo éramos corresponsales de guerra. Solíamos conversar mucho de la vida, metidos en unos pesadísimos capotes militares, mientras la neblina se empecinaba en tumbar el “Bin-ben”. Nos enamoramos a primera vista. En 1945 nos separamos para reunirnos en Cuba”. “Es la cuarta y última mujer”, dijo por su parte el novelista cuando llegó.

-¿Hemingway es humano por naturaleza o por esnob?

La mujer de “Papa, como le llaman al viejo Ernest, cariñosamente, no se molestó por la pregunta. Cuando recibió el Premio Nobel, dicen que dijo que Sandburg era el más llamado a recibirlo. Hemingway entregó al chofer y a todos sus servidores diez sueldos de gratificación.

-¿Y a usted, señora?

-Me ofreció una escopeta que esperamos comprarla en París, y un cheque de dos mil dólares.

-¿Y todavía tienen dinero?

La pregunta estuvo demás. Mary Hemingway repitió las palabras que su marido dijo dos días antes: “Ya no nos queda nada”.

LA MUJER DE HEMINGWAY

Hubo un momento en que Mary Hemingway volvió rapidísimamente la cabeza y me sorprendió contemplándola. Yo me escondí detrás del humo de su cigarrillo para no caer in fraganti.

Estaba desde mucho rato atrás con una sonrisa de cuarto creciente, mientras en la otra lancha, su marido tiraba del cordel y estaba feliz. Cuando Hemingway no sacó nada, su sonrisa en creciente se convirtió en menguante. Su alegría, en efecto, estaba en función de la de él. Era una confirmación de lo que dos días atrás me dijo en el campo de aviación, cuando le pregunté si se casó con el novelista o con el hombre. “Me casé con el hombre al que amo y no con el novelista al que admiro”.

Eran las tres y ya me moría de hambre. Mi hambre reclamaba desde desayuno. Cuando ella me invitó a almorzar, yo volé. Comí sándwiches de jamón con queso. Una pasta amarilla que no me gustó. Y cerveza. Para finalizar me dio una servilletita de papel que yo agradecí con risa a medida agua.

Después, Mary Hemingway con su pantalón pescador y sus piernas nadando en aceite de almendras, con su blusa marinera y su sombrero de Catacaos, volvió hablar del novelista. Relató sus aventuras en el África con accidentes y todo, en los que casi pierden la vida. Habló de su afición a las corridas de toros, a España y a la amistad con Dominguín.

Allí supe de Hemingway, desde la hora en que se levanta hasta las películas que ve, desde su gusto por el “chifa” hasta su desinterés por saber de Faulkner, etc. Allí supe de su odio a la guerra y de cuántos whiskeys por día sabe beber. Allí supe mucho.

Portada del libro en el que se compilan los primeros artículos de MJO.

CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA

A Hemingway, el día que llegó a Talara, se le preguntó:

-¿Es usted capaz de dar una receta para escribir una novela?

Él contestó:

-Hay que vivir y hay que inventar.

-¿Cómo inventar?

-Inventar sobre lo que se ha vivido. Hay que escribir las propias experiencias y agregarles un poco de fantasía.

-De acuerdo a este concepto, ¿cuánto hay de realidad y cuánto de fantasía en sus obras; por ejemplo, en “¿Por quién doblan las campanas”?.

-Estuve en la Guerra Civil Española como corresponsal, desde que comenzó hasta que terminó. La conclusión puede sacarla usted mismo.

-Hubo oportunidad para que el viejo novelista se pusiera pensativo y triste. Para que pensara en el Gary Cooper izquierdista y repitiera aquello de “La muerte de todo ser me disminuye porque soy parte de la humanidad. Por eso, no me gusta preguntar, “¿Por quièn doblan las campanas?”.

Y en seguida se sintió como que exclamaba:

-¡Están doblando por ti!

LA MUERTE ES UNA PROSTITUTA

Después le pregunté por “El Viejo y el Mar”. Él respondió:

-Lo escribí en 80 días. Lo pensé 13 años. ¿Está conforme?

-Lo que quiere decir que…

-Primero hay que vivir y luego escribir sobre una verdad profunda que eso tiene más valor que la literatura misma.

-¿Cuál será su próxima aventura?

-No sé, las aventuras vienen a buscarme.

-¿Usted es republicano o demócrata?

-Ni lo uno ni lo otro. Mis antepasados fueron políticos, yo no. Mi abuelo era un “fregado”. Fue un republicano que nunca se sentó a la mesa con un demócrata,

Esa mañana el cielo de Talara estaba ligeramente nublado. Por algo en un rincón del cielo aparecía un pedazo de arco iris. Había frío. Alguien relacionó la hora con “cortar la mañana”. Entonces, a sabiendas, se le preguntó si le gustaba el trago. Claro que dijo que sí.

-¿Y no le hace daño?

-Nunca me ha hecho daño. Además, los periodistas aguantamos cosas peores.

-A propósito:

-Como periodista, ¿cuál ha sido su mejor noticia?

-La liberación de París. Yo iba en el ejército de Patton.

Hemingway no escamoteaba ninguna pregunta. Al conminársele a que haga la descripción de Hemingway, contestó:

-Hace muchos años que no me miro al espejo.

-Y de sopetón:

-¿Y la muerte?

-Es una prostituta más –dijo con arte el viejo novelista.

En el minuto fatal, en el último minuto que estaba con nosotros, Hemingway fue genial. Al preguntarle por cual era el mayor éxito de su vida, expresó rotundamente y filosóficamente:

-Durar.

Luego, se fue.

LA BOTELLA DE PISCO

Se fue en la camioneta manejada por Platter. Se perdió en la perspectiva de un caminito rural. Iba ansioso. Quería estar pronto con el merlín de su célebre obra.

Esa misma mañana, mientras los dados saltaban sobre una mesita única del único Hotel Talara donde hay que hacer grandes esfuerzos para creer que se está en un retazo de la patria, acordamos los periodistas que viajamos desde Lima a entrevistar al famoso escritor norteamericano, regalarle una botella de pisco. “Venga la botella, dijimos y nos encaminamos a dársela. Sobre la etique escribí: Mientras lloren las uvas yo beberé sus lágrimas”. Y más al pie, al ladoi de un enorme merlín negro que dibujo (Jorge) Donayre, escribí a 18 puntos: “A Ernest Hemingway, de sus admiradores y noveles colegas peruanos”. Y firmamos.

A la dos de la tarde llegamos al local del Club de Pesca de Cabo Blanco. Lujoso local hecho solo para ricos. Llegamos guiados por una fila de colas de merlín, puestas en unas picotas. Cuando alcanzamos la explanada del club, la alegría con que Platter festejaba a Hemingway, se fue de narices. Diría: “Me arruinaron”. Hemingway al contrario nos recibió muy bien.

Cuando tuvo la botella en sus manos, leyó la inscripción y dijo: “Yo beberé estas lágrimas y después guardaré la botella”. Posó para unas fotos y luego bajó al mar. Se perdió el el océano. Iba feliz.

La mujer del campeón de pesca Kid Farrington, que días después en el Hotel Crillón me dijo que a Hemingway le habían dado una fama exagerada de borracho, iba con él. A la Farrington le contesté que la historia se encargará de juzgarlo y, por último, que “Hemingway puede darse los lujos que quiere”.

UN CRIOLLO “VIEJO SANTIAGO”

Mientras tanto, los periodistas nos acercamos a Cabo Blanco. Cabo Blanco es una caleta que está entre la amenaza del mar y el amaparo de un pedazo de cerro terroso. Cabo Blanco es un símbolo de puertito mísero. Corchos redondos flotando en un mar de atarrayas al pie de casas de horcones y tortura. Unos, dos, cien pescadores bronceados de un sol cincuenta de estatura. Dueños del mar más que de la tierra conversando en grupos de a ocho. Tumes y Querebalus zurciendo sus redes. Y un pescador con cinco cervezas en la cabeza preguntando por quién irá a ser el nuevo Presidente, mientras un chancho hociqueaba la calle real y un gallinazo miraba cincuenta metros a la redonda.

Allí, en la caleta de Cabo Blanco, había un “viejo Santiago”. Un setentón y un muchacho de quince años que jalaban a esa hora crepuscular una red interminable.

Nada pescó esa vez aquel viejo. Iban también para 84 los días que el mar le jugaba una mala pasada. Pero es una historia muy común, peruana, demasiado vulgar para inmortalizarla en una obra.

HABÍA UNA VEZ…

Esa segunda tarde Hemingway desembarcó sin cobrar su codiciado merlín. Él no había pescado nada. Yo tampoco. MI “carnada” y la suya, no habían surtido efecto. Ambos parecíamos derrotados, pero no. La esperanza quedaba pendiente.

Hemingway atravesó el muelle. Dos pescadores levantaron la cabeza y lo miraron como a un gringo más, como a un turista más de lo que llegan a Cabo Blanco a llevarse mil kilos de un solo anzuelazo.

Casi al final del muelle dos perros se estaban sacando el alma. Peleaban por sus cosas. Fue allí donde Hemingway se paró. Impasible. Abstraído. Él, que había visto pelear a los hombres, se detuvo para ver pelear a los perros. Estuvo, como en la Guerra Civil Española, desde el principio hasta el fin.

-¿Cuál es la receta para escribir una novela?

-Hay que ivivr y hay que inventar.

-¿Cómo inventar?

-Inventar sobre lo que se ha vivido. Hay que escribir las propias experiencias y agregarles un poco de fantasía.

Entonces, pareció como que Hemingway comenzó una nueva obra: “Había una vez, dos perros… etc.”.

Revista Cultura Peruana, Lima, 1956.

Ollukitoleaks 1 4

Publicado el Marzo 07, 2011 por asuntosinternos

Eudocio Martínez Sánchez, “Olluquito”.

“Y aunque ya lo vieron
nadie ha visto nada”.

Tite Curet Alonso.

En el origen está la explicación. El 15 de marzo de 1993, el asistente de la empresa aduanera Perú Mundo, Fernando Ruíz Díaz, cumplía con despachar cien toneladas de harina de pescado de propiedad de la Pesquera Hayduk, de Eudocio Martínez Sánchez, “Olluquito”. En un descuido, uno de los camiones del almacén aplastó un saco y esparció el contenido. Ruíz se dio cuenta de inmediato que no se trataba de harina de pescado no solo por el olor sino también por el color. Tomó una muestra de la sustancia y  acompañado de otro testigo, el aduanero Luis Alfaro Andía, se dirigió a las oficinas de Hayduk en busca del gerente de Ventas, Dante Cossío Guevara. La presencia de Fernando Ruíz con la droga entre las manos causó conmoción en las instalaciones de Hayduk, donde se encontraba uno de los gerentes, Walter Martínez Moreno, hijo de “Olluquito”.

Luego de debatir entre sus funcionarios, Martínez y Cossío le plantearon una propuesta a Ruíz: denunciar juntos ante la Policía Antidrogas el hallazgo del estupefaciente. El aduanero Ruíz, por no perder a un cliente importante –unos días antes, el tres de marzo despachó con éxito a Colombia 100 toneladas de harina de pescado de Hayduk–, aceptó. Sería su desgracia. Lee el resto de la entrada →



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