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Gnielka 0

Enviado el diciembre 23, 2015 por asuntosinternos

 

Thomas Gnielka nació en Berlín, en 1928. Los nazis lo destacaron en Auschwitz en 1944.

Thomas Gnielka nació en Berlín, en 1928. Los nazis lo destacaron en Auschwitz en 1944.

 

No hay nada más ominoso para un periodista que someterse al silencio. Después de la derrota de Adolfo Hitler y del Tercer Reich, los alemanes prefirieron voltear la página y empezar un nuevo capítulo en el que nadie era culpable por lo que había hecho durante el nazismo. De este modo los verdugos y sus víctimas empezaron a convivir como si nada hubiera pasado. El reportero Thomas Gnielka se oponía a la idea de que la impunidad rescataría a Alemania del hundimiento. Gnielka estuvo en el campo de concentración de Auschwitz, así que sabía de lo que hablaba.

 

Gnielka fue uno de los miles de jóvenes que los nazis reclutaron a la fuerza para sus filas y les asignaron diversas labores. Había cumplido 15 años cuando lo asignaron al cuerpo de vigilancia de las instalaciones de Auschwitz donde se encontraban las fábricas en las que los judíos eran obligados a cumplir extenuantes jornadas de trabajo. Terminada la guerra, Thomas Gnielka, quien consideraba que los criminales debían ser sancionados y los sobrevivientes de las atrocidades recompensados por las nuevas autoridades alemanas, se hizo periodista. Desde las páginas del periódico “Frankfurter Rundschau”, empezó a informar sobre criminales de guerra y los colaboradores del nazismo. En 1959, un ex preso de Auschwitz, Emil Wulkan, lo buscó para contarle que en la Oficina de Reparaciones de las víctimas del Tercer Reich los funcionarios no respondían a sus requerimientos y sospechaba que se trataba de nazis reciclados.

 

 

Gnielka junto con otros muchachos recibe instrucción de un oficial nazi en Auschwitz.

Gnielka junto con otros muchachos recibe instrucción de un oficial nazi en Auschwitz.

 

Durante la entrevista, Wulkan le dijo a Gnielka que poseía documentos de Auschwitz en los que se reportaba el asesinato de presidiarios judíos que supuestamente habían intentado evadirse del campo de concentración. Los papeles eran de mucho valor, porque consignaban las identidades de los homicidas, varios de los cuales hacían una vida normal en la Alemania de la posguerra, arropados por el pacto del silencio y el olvido. Además de informar en el periódico sobre los alemanes que habían cumplido papeles protagónicos en Auschwitz -uno de los más importantes centros de eliminación masiva de judíos durante la Segunda Guerra Mundial-, Gnielka le preguntó a Wulkan si podía entregar una copia a las autoridades. Hasta ese momento, ningún nazi había sido sometido a juicio por un tribunal alemán. Wulkan aceptó.

 

El 15 de enero de 1959, Gnielka suministró los documentos al fiscal general del estado de Hesse, Fritz Bauer, quien logró que se abriera proceso en los tribunales de Frankfurt contra 22 ex oficiales nazis. Todos habían conseguido salvarse del famoso proceso de Nüremberg, el tribunal que instalaron los aliados para juzgar a los jerarcas del Tercer Reich. Era la primera vez que jueces alemanes sometieron a responsables de lo ocurrido en Auschwitz. A seis condenaron a cadena perpetua y a 18 se les aplicó condenas de entre cinco y 14 años. De esta manera los alemanes fueron confrontados con un pasado reciente que pretendían olvidar.

 

l fiscal Fritz Bauer que impulso los juicios a los criminales nazis de Auschwitz.

El fiscal Fritz Bauer que impulso los juicios a los criminales nazis de Auschwitz.

 

En lugar de callar y olvidar como la mayoría de sus colegas periodistas, Thomas Gnielka prefirió romper contra ese pacto de vergüenza que era la negación de la labor de un reportero: revelar la verdad, por incómoda que sea.

 

Después del proceso judicial, Gnielka no dejó de investigar ni de publicar. El 23 de diciembre de 1960, en la revista “Welt Bild” relató la historia del comandante en jefe de Auschwitz, el oficial de la SS Arthur Liebehenschel, en un artículo titulado “El más grande crimen de nuestro siglo”. El periodista murió en 1965. Más de 30 años después, los familiares de Bárbara Cherish le contaron la verdad sobre su origen: ella era una de las hijas de Liebehenschel. Para probarlo, le entregaron una copia del artículo de Gnielka. No hay mejor recompensa para un reportero, que exponer una verdad que se mantuvo por mucho tiempo oculta.

 

Audiencia contra los criminales de Auschwitz en el tribunal de Frankfurt, que se inició en diciembre de 1963.

Audiencia contra los criminales de Auschwitz en el tribunal de Frankfurt, que se inició en diciembre de 1963.

 

El director italiano Giulio Ricciarelli llevó al cine hace poco la historia del periodista Gnielka y del fiscal Bauer en la película La Conspiración del Silencio. El largometraje es un homenaje a los reporteros que ejercen su trabajo contra la voluntad de sus compatriotas que prefieren la comodidad de la amnesia, algo que suele ocurrir luego de una experiencia autoritaria. Una amnesia que beneficia particularmente a los criminales. Por eso, destapar la verdad es un acto contra la impunidad y el olvido. Es un acto de justicia.

 

"Im Labyrinth des Schweigens", la película de Giulio Ricciarelli.

“La conspiración del silencio”, la película de Giulio Ricciarelli.

 



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