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Enviado el Noviembre 08, 2015 por asuntosinternos

 

Saviano

 

El plagio es una plaga. Es una plaga que no conoce de fronteras. Ataca a escala mundial. Atrapa a cualquiera, ni los famosos se salvan.

Michael Moynihan, el editor cultural del influyente portal de noticias The Daily Beast, ha descubierto que el periodista superventas Roberto Saviano, el autor de Gomorra (2006) y CeroCeroCero (2013), es un plagiario serial. Saviano, que fue consultado por Moynihan, simplemente lo niega todo. Sin embargo, los hallazgos de Moynihan son demoledores.

Después de publicar el libro Mafiya Roja: Cómo los mafiosos rusos invadieron Estados Unidos (2000), los criminales ofrecieron 100 mil dólares por la cabeza del periodista de investigación Robert Friedman. El reportero se internó en el submundo criminal y entrevistó a algunos capos, como “Tarzán”, conocido por haber vendido helicópteros rusos a los narcos colombianos: “(Tarzán) alardeaba de que podía escoger (a una chica) con solo poner un dedo en cualquier revista para adultos, ‘y llamar a mi agente para que la trajera al club y tirármela hasta que se le salieran los sesos”, escribió Friedman (1).

Maquetación 1

Trece años después, en CeroCeroCero, libro en el que Saviano relata “cómo la cocaína gobierna el mundo”, publicó: “Tarzán se jacta incluso de que le basta señalar con el dedo a una chica de cualquier revista para adultos, para hacerla llamar a su agente, llevársela al club y ‘follársela hasta el agotamiento’”. (2)

Cualquiera se preguntará cómo pudo Saviano conversar con el mismo mafioso “Tarzán” y obtener una declaración casi idéntica a la que consignó Friedman en su libro publicado más de una década antes.

Moynihan se encargó de despejar las dudas con más ejemplos.

El cuatro de octubre de 2005, el corresponsal de la agencia de noticias mexicana Notimex, José Luis Castillejos, divulgó un sorprendente reportaje sobre el adiestramiento de la unidad de élite antiterrorista guatemalteca conocida como Los Kaibiles, que registra un récord de violaciones de los derechos humanos. Castillejos relató: “Al término del entrenamiento, los Comandos se dan un banquete con carne de lagarto asada, iguana, venado y tienen el permiso de tomar por la fuerza al Ministro de Defensa de Guatemala, de turno, y lanzarlo a un estanque donde hay cocodrilos” (3).

En CeroCeroCero, Saviano describe un presunto encuentro con un ex miembro de los Kaibiles, “Ángel Miguel”, quien, curiosamente, le narró casi palabra por palabra lo que publicó Castillejos varios años antes: “Al término de las ocho semanas hay una cena. Parrillas enormes, humeantes, el fuego es alimentado constantemente y durante toda la noche se arrojan sobre las planchas filetes de carne de caimán, iguana y ciervo. También existe la costumbre de coger por la fuerza al ministro de Defensa guatemalteco y arrojarlo a una balsa donde hay cocodrilos (aunque a kilómetros de distancia: ¿esos del gobierno son unos cagones!)” (4).

Gomorra

La publicación de Gomorra representó para Roberto Saviano el estrellato mundial con más de 10 millones de ejemplares vendidos, además de una exitosa versión cinematográfica, pero lo obligó a vivir bajo protección ante el temor de un atentado de la mafia napolitana, lo que no fue un obstáculo para codearse con los que suelen acaparar los titulares de los medios globales. De hecho, en los agradecimientos personales en CeroCeroCero, Saviano mencionó a varios famosos amigos, entre otros al líder y cantante de U2, Bono, al escritor Salman Rushdie y al economista Nouriel Rubini.

Moynihan es de los que no se deslumbran por el brillo de las estrellas, así que escarbó más en el libro del italiano sobre la cocaína y su influencia en el mundo.

El cuatro de mayo de 2003, el reportero del diario St. Petersburg Times, David Adams, en una serie de historias sobre el fotógrafo colombiano Baruch Vega y su relación con el narcotráfico en Florida, informó: “Vega es el segundo de los 11 hijos que tuvo un trompetista de bajos recursos en Bogotá. A los 15 años ganó 20 mil pesos en un concurso de fotografía para principiantes organizado por Kodak. Tuvo la ocasión de captar a un pájaro con un pez en el pico, imagen que obtuvo en un lago ubicado detrás de la casa donde había crecido en Bucaramanga, Colombia. Sus padres no querían que estudiara fotografía, por lo que estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Estatal de Santander. Un profesor lo reclutó para que trabajara en la CIA (Agencia Central de Inteligencia). Según su versión, a principios de los 70′, lo enviaron a Chile para apoyar a la CIA en acciones para desestabilizar al gobierno de Salvador Allende” (5).

Saviano Rushdie

Saviano en su libro anotó algo demasiado parecido: “Vega, el segundo de los once hijos de un trompetista de Bogotá que se trasladó (…) a Bucaramanga, a los quince años gana un concurso de Kodak. Ha inmortalizado a un pájaro cuando emergía de un lago llevando en el pico un pez todavía entero. Sin embargo, sus padres le obligan a estudiar ingeniería. En la Universidad de Santander alguien lo recluta para la CIA es enviado a Chile: el gobierno de Salvador Allende tiene que saltar” (6).

Moynihan también encontró que el italiano tomó como suyos comentarios de otros colegas, como de la columnista de Los Angeles Times, Deborah Bonello.

El 10 de abril de 2009, Bonello escribió sobre el español Christian Poveda y “La Vida Loca”, un aclamado documental sobre las pandillas salvadoreñas: “’Little One’ es una mamá de 19 años con un enorme ’18’… tatuado en el rostro… desde arriba de las cejas hasta debajo de sus mejillas. ‘Moreno’ es un joven de 25 años que pertenecen a la misma pandilla que trabaja en una panadería creada por un grupo sin fines de lucro llamado Homies Unidos. La panadería cerraría cuando el propietario  es detenido y condenado a 16 años de cárcel acusado de homicidio. Y “La Maga”, una joven miembro de la pandilla, quien perdió un ojo en una pelea, a quien Poveda acompaña durante una serie de consultas médicas  y operaciones para reempazarla el ojo por uno de vidrio. La mataron antes que terminara la filmación de la película” (7).

En el libro de Saviano aparece lo mismo con algunas pinceladas de su cosecha: “(Poveda) habla de ‘Little One’, una madre de diecinueve años con un enorme ’18’ tatuado desde las cejas hasta la barbilla. Habla de Moreno, de veinticinco años, que quiere cambiar de vida y se ha puesto a trabajar en una panadería montada por un grupo sin ánimo de lucro llamado Homies Unidos: pero la panadería cierra cuando su propietario es detenido y condenado a dieciséis años de cárcel por homicidio. Habla de ‘La Maga’, otra joven madre también miembro de la banda, que ha perdido un ojo en un enfrentamiento. Christian (Poveda) la sigue durante las visitas y la operación para reemplazar su ojo dañado por uno de vidrio. Una operación inútil, no obstante porque será asesinada a tiros antes de que termine el rodaje…” (7).

Por estas y otras evidencias más de plagio, Moynihan interrogó a Saviano en busca de una explicación.

“Ninguno de los personajes de CeroCeroCero es inventado. Cada uno de ellos, desde el primero hasta el último, es real”, explicó Saviano a Moynihan, aunque luego el italiano admitió: “(El libro es resultado de) centenares de conversaciones y entrevistas con protagonistas, investigaciones judiciales en todo el mundo, libros, artículos, películas, reportajes y hechos que estudié por años”.

Saviano2

El problema radica en que Saviano no le dice a sus lectores qué partes de su libro son cosecha propia y cuáles no lo son. En la confusión deliberada gana él italiano.

La explicación de Saviano a Moynihan para no citar a las fuentes es risible. “Este libro no es simple periodismo sino una novela de no ficción. (…) No soy un periodista, o un reportero, sino más bien un escritor que relata hechos reales”, dijo.

Moynihan preguntó a Roberto Saviano si en las futuras ediciones de CeroCeroCero consignaría los créditos de las fuentes de donde obtuvo la información. El autor contestó: “El libro es del género de no ficción, pero antes que cualquier cosa es una novela. ¿Por qué debo citar fuentes en una novela?”, alegó.

Ser un autor de literatura de no ficción –que no es otra cosa que un reportaje periodístico relatado con las técnicas narrativas-, no es una licencia para dejar de consignar el origen de la información… A menos que el escritor haya tenido acceso directo a las fuentes, como lo hicieron John Hersey, cuando escribió Hiroshima (1946); Truman Capote, con A sangre fría (1965); o Rysard Kapuscinsi, con El Emperador (1978)

“Saviano no solo ha escrito un libro malo sino también sorprendentemente deshonesto. CeroCeroCero ha sido elaborado con reportajes y artículos saqueados a periodistas menos conocidos. Incluye entrevistas con ‘fuentes’ que no pueden existir (mucho menos en este momento) y contiene numerosos casos de plagio innegables”, es la devastadora conclusión de Michael Moynihan.

Pero a Saviano parece importarle poco, mientras sus libros se venden todavía más. El 16 de junio de este año, la Corte Suprema italiana falló a favor de la demanda de dos empresas editoriales que lo acusan de haber usado sin permiso información de sus publicaciones para la elaboración de Gomorra. Saviano subestimó el fallo bajo el argumento de que “solo se trata del 0.6 por ciento” del contenido del libro. Nada más. Poca cosa. Poca cosa no es la plaga del plagio, signore.

***

El artículo de Michael Moynihan:

http://www.thedailybeast.com/articles/2015/09/24/mafia-author-roberto-saviano-s-plagiarism-problem.html

Citas:

(1) Saviano, Roberto. CeroCeroCero. Anagrama, Barcelona, 2014. p. 361.

(2) http://m.rlp.com.ni/noticias/3282/los-kaibiles-un-entrenamiento-en-el-infierno-guatemalteco

(3) Ib. p. 117.

(4) http://www.sptimes.com/2003/05/04/Worldandnation/Dr_B_and_Group_43.shtml

(5) Ib. pp- 189-190.

(6) http://latimesblogs.latimes.com/laplaza/2009/04/la-vida-loca-reflects-a-depressing-and-hopeless-reality-the-documentary-filmed-by-photojournalist-and-filmmaker-chris.html

(7) Ib. p. 459.

 

 

 



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