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GEISHAS

Posted on Julio 27, 2015 by asuntosinternos

 

 

Geishas

Fujimori en un hotel de Londres con periodistas “geishas” filmados por su hijo Kenji, en 1997.

 

 

Fujimoristas de vieja entraña, y otros recién captados por amor o por dinero, fustigan la investigación de La República sobre los ingresos de Keiko Fujimori y su esposo Mark Vito Villanella, atribuyéndole su origen a un supuesto “odio” a la candidata naranja. También arguyen que se trata de una “guerra sucia” desatada por una “máquina de fango”, que busca dañar a la hija del ex presidente Alberto Fujimori porque lidera las encuestas. ¿Desde cuándo los fujimoirstas cuentan con autoridad moral para cuestionar a los reporteros que justamente contribuyeron con sus destapes a enjuiciar y encarcelar a los cabecillas y a los principales componentes de la organización criminal que gobernó en los años 90?

 

Columnistas que firman artículos sin advertir a sus lectores que son fujimoristas, o simpatizantes funcionales del régimen corrupto que devastó el país -son las geishas del fujimorismo reciclado-, ocultan que Fujimori purga prisión por haber autorizado el espionaje telefónico y financiado las inmundas publicaciones de la “prensa chicha”, operativos diseñados expresamente para destrozar la reputación de los periodistas de investigación. Esos mismos periodistas que hicieron su trabajo mientras cuando la mayoría de medios de comunicación estaba sobornada por el fujimorismo, son los que hoy siguen la pista del dinero de los esposos Villanella-Fujimori.

 

Haberle atribuido erróneamente a Keiko Fujimori un monto que no declaró ha servido para que los fujimoristas pretendan deslegitimar una investigación que no comenzó este año sino después que el 29 de mayo de 2001 la hija del ex jefe de Estado declaró ante una comisión investigadora del Congreso que su padre le daba en efectivo el dinero para financiar sus estudios y los de sus hermanos en el extranjero. Esa versión luego la cambió en las elecciones presidenciales de 2011, al afirmar que su padre vendió una propiedad en Surco y con esos fondos sufragó los gastos universitarios. Falso. Como lo acreditó un peritaje que la Contraloría hizo para la Corte Suprema, Keiko Fujimori depositó en una cuenta a plazo fijo en el Citibank el dinero que su progenitor le proporcionó. Jamás transfirió la suma a ningún centro de estudios. Tampoco sus hermanos, entre ellos el congresista Kenji Fujimori. En consecuencia, la investigación periodística que sigue la ruta de los dólares de origen incierto se justifica plenamente.

 

 

Portadas

Desde 2001 se investigan las cuentas de Keiko Fujimori.

 

No es inusual que los defensores de regímenes corruptos cuestionen al periodismo independiente.

 

En el libro Todos los hombres del presidente, los reporteros Bob Woodward y Carl Bernstein, autores del destape del caso Watergate que produjo la renuncia de Richard Nixon a la presidencia, reconocen que durante la investigación cometieron algunos errores. Por ejemplo, atribuyeron a un testigo, el ex tesorero Hugh Sloan, haber dicho ante la corte que un asesor personal de Nixon, Bob Haldeman, tenía poder de decisión sobre unos fondos para financiar actividades ilegales. Implicar a Haldeman, que se describía a sí mismo como “el hijo de perra del presidente”, era relacionar a Nixon.

 

Los reporteros del diario “The Washington Post” habían logrado enlazar a los cinco espías atrapados en la sede del Partido Demócrata, ubicado en el céntrico edificio Watergate, el 17 de junio de 1972, con notorios personajes de la administración republicana de Nixon. Pero todo lo que habían conseguido con la extraordinaria investigación pareció esfumarse el 25 de octubre de 1972, cuando apareció el artículo de Woodward y Bernstein que atribuía a Haldeman el manejo del dinero sucio. Sloan no había mencionado a Haldeman ante los jueces.

 

Haldeman

Nixon y el “hijo de perra” del presidente, el asesor Bob Haldeman.

 

Todo el aparato periodístico de Nixon, que desde el principio rechazó cualquier implicación del presidente, aprovechó la ocasión para destruir la investigación de Watergate y cargar las tintas sobre la presunta motivación política de los periodistas y del diario. “The Washington Post está haciendo una forma despreciable de periodismo”, dijo el secretario de prensa de Nixon, Ron Ziegler, y lo repitieron todos los medios que nunca habían investigado el caso: “Hemos tenido que soportar una larga serie de reportajes sórdidos. Las tácticas periodísticas usadas en este asunto (Watergate) son miserables y bajas”. Si alguien pregunta a Woodward y Bernstein en qué momento sintieron que la tierra se los tragaba, responderán que el 25 de octubre de 1972. “La debacle provocada por el caso Haldeman fue como ver derrumbarse todo el edificio tan pacientemente levantado piedra a piedra”, escribieron en Todos los hombres del presidente. Parecía el fin.

 

 

Nadie puede imaginarse cómo me sentí. Habíamos escrito más de cincuenta historias sobre el caso Watergate, nos encontrábamos frente a uno de los mayores encubrimientos políticos de la historia y no habíamos cometido ni una sola falta importante… Y ahora esto (el desmentido)”, recordó en sus memorias Ben Bradlee.

 

Woodstein

Carl Bernstein y Bob Woodward en Washington.

 

Los reporteros incluso plantearon al director del diario, Ben Bradlee, renunciar si era necesario para recuperarse del resbalón. Bradlee los mandó al carajo. El yerro dejó en evidencia fallos en el procedimiento de verificación, pero la investigación se mantenía incólume. Así que comenzó a escribir un pronunciamiento público. “¿Qué otra opción me quedaba? Me encontraba en la misma nave que los dos reporteros. Me acuerdo que me senté frente a la máquina y empecé a escribir como unas treinta declaraciones y después acabé por pensar: ¡Que se vayan todos al cuerno! Yo debo estar al lado de mis muchachos”, recordó Bradlee. Woodward y Bernstein continuaron con la investigación, no obstante que Nixon ganó la reelección. Al final las autoridades comprobaron que Haldeman, “el hijo de perra del presidente”, sí tenía control sobre los fondos sucios para el financiamiento de las actividades ilegales, por lo que fue procesado y condenado a prisión.

 

Repudio

Reporteros bajo el fuego de la prensa fujimorista.

 

En una reciente reunión con periodistas estadounidenses hablamos del tema de Watergate y el caso Fujimori. Nixon renunció a la presidencia para evitar el juicio político, y su sucesor, Gerald Ford, usó sus atribuciones constitucionales para perdonarlo, con lo que consiguió salvarlo de la prisión. En cambio, Fujimori fue condenado por actos criminales y de corrupción, en su mayoría revelados por los periodistas de investigación. Los mismos a los que ahora atacan las geishas recicladas del fujimorismo.

Woodward y Bernstein se ganaron el Pulitzer; los peruanos, el respeto, tan valioso como el Pulitzer.

 

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