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Archive for Enero, 2014


Wolfe 1

Enviado el Enero 30, 2014 por asuntosinternos

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Tom Wolfe en su exquisita casa.

 

Tom Wolfe, uno de los periodistas más respetados e influyentes del último siglo, el reportero cuyo estilo se convirtió en una forma de arte, empezó como un practicante cualquiera.

Doctorado en la Universidad de Yale, escribió a 120 periódicos de todo Estados Unidos en busca de un puesto. Wolfe, que soñaba con recibir la llamada del prestigioso “The New York Times”, o de la agencia Associated Press para convertirse en corresponsal en París, sólo fue convocado por el diario “The Springfield Union News”, de la pequeña ciudad del mismo nombre, en Massachusetts, en 1957. Wolfe supo aprovechar la oportunidad. Reporteó noticias sobre la administración municipal y los problemas del servicio de alcantarillado, como si se tratara del oficio más fabuloso del mundo. Nadie sabía que con ese modesto empleo de 55 dólares a la semana Wolfe comenzaba a escribir una gloriosa página de la historia del periodismo. “Me contrataron sobre todo porque tenían curiosidad por saber quién era este tipo con un doctorado por la Universidad de Yale dispuesto a trabajar en su periódico”, relató Tom Wolfe a Marc Weingarten, autor de La banda que escribía torcido (Libros del KO, 2013).

 

Wolfe9

En los 60, Wolfe con Salvador Dalí.

 

Weingarten ha escrito la fabulosa historia de los hombres y mujeres que forjaron el llamado Nuevo Periodismo, una generación de reporteros estadounidenses que escribían historias verdaderas con las técnicas de la literatura. Weingarten, que entrevistó a buena parte de los protagonistas, arranca su relato con la figura Tom Wolfe porque fue él quien le daría la partida de nacimiento a la novedosa tendencia periodística. Pero cuando trabajaba para el diario “The Springfield Union News”, Wolfe todavía estaba un poco lejos de asestarle una patada en el culo al periodismo convencional. Así que resolvió viajar a la capital del país y pedir trabajo al diario “The Washington Post”, donde sabía que ganaría menos, pero que le abriría las puertas a algo parecido al centro del planeta. Entre 1959 y 1962 escribió 315 artículos, ganó un premio nacional por sus reportajes en Cuba, y lo más importante, pudo comenzar a dar rienda suelta a ese estilo que sería la marca de fábrica del Nuevo Periodismo. Sin embargo, “The Washington Post”, acartonado y conservador, carecía del espacio y el oxígeno que necesitaba, de modo que se trasladó al diario “The New York Herald Tribune”, en la Gran Manzana, donde no solo encontró a editores que alentaban su trabajo, sino también a otros periodistas que compartían su deseo de dinamitar el periodismo norteamericano, entre ellos Jimmy Breslin.

No tardó mucho tiempo para que las crónicas de Wolfe rompieran esquemas y cosechara admiradores y detractores. Era una época en que además había decidido vestirse con un llamativo traje y sombrero blanco, que se convertiría en su santo y seña. “Todo el mundo armaba un escándalo por culpa de su ropa, pero yo sabía que era un periodista serio, alguien que hacía su trabajo de campo”, le dijo Breslin a Marc Weingarten. Cosa curiosa, Wolfe reconoce como maestro y su mayor influencia, pero no lo incluye en la antología de los nuevos periodistas. De hecho, Marc Weingarten, como una forma de reparar el daño, tituló su libro con una versión del nombre de uno de los libros más famosos de Breslin, La banda que disparaba torcido (1970), la historia del mafioso Joe Gallo, miembro de la familia Profaci, afincada en Nueva York.

 

Breslin

Jimmy Breslin con Noman Mailer, en Nueva York, en los 70.

 

Tom Wolfe salía a la calle en busca de historias, reporteaba todos los días, hablaba con todas las personas que necesitaba, se sumergía hasta el cuello en la realidad que le interesaba, y escribía como los dioses, con un estilo que hacía añicos la famosa “pirámide invertida”, y con una amplia gama de artificios literarios. Nada inventaba porque al final lo suyo era periodismo. Pero él no era el único. Mientras trabajaba en “The New York Herald Tribune”, Wolfe recibió la propuesta de la revista neoyorkina “Esquire” de viajar a Los Ángeles para reportear una exposición de vehículos de colección pintados y acondicionados y adornados con estilos estrambóticos. Lo que publicó, en 1963, sería la primera crónica con las características que definen al Nuevo Periodismo. No pasó mucho tiempo para que Wolfe alcanzara la fama.

 

Talese

Gay Talese en los 60 en Nueva York.

 

Veintidós de sus crónicas publicadas por “The New York Herald Tribune” y “Esquire”, entre 1963 y 1965, formarían parte de su primer libro, la antología El coqueto aerodinámico rocanrol color caramelo de ron (1965). Había nacido el Nuevo Periodismo y Tom Wolfe se había decidido a demostrarlo con Ponche de ácido lisérgico (1968), La banda de la casa de la bomba (1968) y La izquierda exquisita & mau-mauando al parachoques (1970), todos traducidos al español. Hasta que el 14 de febrero de 1972, la revista “New York” del periódico donde trabajaba, y en cuyas páginas aparecieron sus asombrosas crónicas, Wolfe finalmente dio el grito de batalla. La primera plana del semanario decía: “Así nació ‘El Nuevo Periodismo’, un reportaje del testigo Tom Wolfe”.

El texto se convertiría poco después en el prólogo de una colección de 23 textos de 21 autores –entre los que se contaba el propio Wolfe–, que publicó bajo el título de El Nuevo Periodismo (1973). El chico doctorado en la Universidad de Yale colocaba en un pedestal a ese fenómeno que sacudía desde sus cimientos a la prensa anglosajona. Había llegado el momento en que los periodistas escribían tanto o mejor que los autores de ficción. “No era un ‘movimiento’. Carecía de manifiestos, clubs, salones, camarillas; ni siquiera disponía de un café donde se reunieran los fieles, desde el momento en que no existía credo ni fe. En la época, mediados los años sesenta, uno sólo se daba cuenta de que por arte de magia existía una cierta agitación artística en el periodismo, y de que este hecho resultaba nuevo en sí mismo”, escribió Wolfe.

 

Book

La primera edición de la antología que sacudió el periodismo.

 

Son parte de la antología el legendario Gay Talese, maestro del género, autor de El Reino y el poder (1969), sobre grandes personajes del diario “The New York Times”; Fama y oscuridad (1969), una selección de sus mejores crónicas; y En el nombre del padre (1970), la historia de los Bonano, una poderosa familia de la mafia. Wolfe considera a Talese su maestro. Talese le dijo a Marc Weingarten: “Wolfe es una especie de aristócrata, pero no lo admite. Es un burgués del sur (Richmond, Virginia, dos de marzo de 1931), pero es un hombre elegante. Tiene los mejores modales que he visto en mi vida. Emana una cierta combatividad, y eso que Tom nunca habló mal de nadie”. También aparece Hunter S. Thompson, quien deslumbró con Los Ángeles del Infierno (1967) y Miedo y asco en Las Vegas (1971). Thompson se involucraba en todas las historias. Donde se emborrachaban, él lo hacía; donde se drogaban, él lo hacía; donde se peleaban, él lo hacía. Un estilo al que llamó “periodismo gonzo”. Algo que nunca hizo Wolfe, ni lo hará nadie, porque es único. “El problema con Wolfe es que es demasiado frágil como para participar en sus propias crónicas”, escribió Thompson.

 

Thompson

Hunter S. Thompson en la carretera, en los 60.

 

En la única edición en español de El Nuevo Periodismo (Anagrama) sólo se publican nueve de las 21 crónicas antologadas en el libro original. No están los textos de Gay Talese ni Hunter Thompson. Tampoco aparece Joan Didion. Sin embargo, su colección de crónicas, Los que sueñan el sueño dorado, no hace mucho que ha sido traducida y publicada. Didion es una de las cumbres del periodismo narrativo, y a los 79 años, sigue en actividad. De los 21 periodistas seleccionados, ocho han fallecido. Trece continúan publicando, entre ellos el magnífico Jimmy Breslin. El infatigable reportero escribió El breve dulce sueño de Eduardo Gutiérrez (2002), la reconstrucción de la vida de un inmigrante ilegal mexicano muerto en Nueva York; El alcalde de América: la historia oculta de Rudy Giuliani (2005), sobre el controvertido burgomaestre de Nueva York; y El buen soplón: Una verdadera Historia (2008), relatos de la mafia neoyorkina según sus protagonistas. Es injusto que solo tres libros del maestro Breslin hayan sido traducidos hace mucho tiempo: La banda que disparaba torcido (1970), Mundo sin fin, amén (1973) y El hijo de Sam (1978). Una lástima.

En el 2005, el ex editor de la revista “Harper’s” y reportero Robert S. Boyton, publicó El Nuevo Nuevo Periodismo, un conjunto de entrevistas con 18 continuadores del fenómeno (en la edición en español se incluyen solo a ocho), aparte de Gay Talese. Para Boynton, lo que destapó Tom Wolfe sigue vigente. El fenómeno se ha multiplicado y ha alcanzado otras dimensiones. Es algo que también reconoce Marc Weingarten, autor de La banda que escribía torcido. Aunque al final cita lo que le dijo Hunter Thompson, en tono melancólico: “Tuve jefes que me dejaron escribir lo que quisiera escribir, y trabajé duro en ello. (…) Pero me llevó un tiempo darme cuenta de que aquello no va a producirse de nuevo. Ni en mi vida, ni en la de nadie”. ¡Bang! El 20 de febrero del 2005 Hunter se voló la tapa de los sesos, como lo hizo su héroe favorito, Ernest Hemingway, otro periodista.

 

Weingarten

 

(Una versión de este artículo apareció en la revista “Domingo” de La República, el 19 de enero del 2014.

Autores seleccionados por Tom Wolfe y E. W. Johnson en la edición original de “El Nuevo Periodismo” (1973).

1. George Plimpton (1927-2003): “León de papel”.

2. Gay Talese (1932): “La delicada mente de Joshua Logan”

3. Robert Christgau (1942): “Beth Ann y la macrobiótica” (*).

4. Tom Wolfe (1931): “La izquierda exquisita & Maumauando el parachoques” (*) y “El Fugitivo”.

5. James Mills (1932): “El detective”.

6. Barbara Goldsmith (1937): “La Dolce Vita” (*).

7. Garry Wills (1934): “Sigue el caso sobre Martin Luther King”.

8. Rex Reed (1938): “¿Duerme usted desnuda?” (*).

9. Richard Goldstein (1944): “Gear”.

10. Truman Capote (1924-1984): “A sangre fría”.

11. Joe McGiniss (1942): “Cómo se vende un presidente” (*).

12. Norman Mailer (1923-2007): “Los ejércitos de la noche” (*).

13. Hunter S. Thompson (1937-2005): “El derby de Kentucky es decadente y depravado” y“Los Ángeles del Infierno”.

14. Joe Eszterhas (1944): “El apocalipsis de Charlie Simpson”.

15. Joan Didion (1934): “Los que sueñan el sueño dorado”.

16. Nicholas Tomalin (1931-1973): “El general sale a exterminar a Charlie Cong” (*).

17. Terry Southern (1924-1955): “Bastoneando en Ole Miss” (*).

18. George Goodman (1930): “Timing and a Diversion: The Cocoa Game”.

19. Michael Herr (1940): “La batalla de Je Sanj”.

20. John Gregory Dunne (1932-2003): “El estudio” (*).

21. John Sack ( 1930-2004): “M: Sólo los Fuertes y afortunados sobreviven”.

 

(*) Texto incluido en la edición en español de Anagrama.

Túnel 2

Enviado el Enero 15, 2014 por asuntosinternos

Es mentira que “La República” alertó a los terroristas del MRTA sobre la construcción de un ducto como parte de un plan militar de rescate de los 72 rehenes de la residencia japonesa.

Estos son los hechos.

A las 10 y 30 de la mañana del seis de marzo de 1997, el cabecilla Néstor Cerpa Cartolini se comunicó por radio con el corresponsal de la cadena WTN, Miguel Real Fierros, para informar públicamente que había resuelto suspender el proceso de diálogo con el gobierno de Alberto Fujimori con el propósito de liberar a los cautivos de la casa del embajador Morihisa Aoki. Cerpa alegó que adoptó la decisión porque había comprobado la construcción de un túnel.

Según la declaración de Cerpa:

“Desde hace tres días nosotros hemos venido escuchando algunos ruidos debajo de lo que podría ser el piso de la residencia. Y esto, hoy en la madrugada, se está dando con mayor intensidad. Todo indica, digamos, que existe sin duda, o por lo menos hay la intención, desde nuestro punto de vista, de preparar un ataque militar, utilizando una táctica de ataque externo y de infiltración interna. Eso nosotros lo sabemos perfectamente. (…) Queremos también anunciar que el día de mañana no vamos a asistir a las conversaciones en la medida que no creemos que sea correcto que por un lado se hable de diálogo y conversaciones y por otro lado se está dando este tipo de maniobras, que no es una invención nuestra. Incluso a los propios señores retenidos les hemos hecho escuchar (el ruido de la excavación-NR). Esto tiene que quedar claro, pues hay una salida política negociada, que es de la que habla el gobierno, o una salida militar”.

El siete de marzo de 1997, al día siguiente de la manifestación pública del jefe del MRTA sobre la construcción de un túnel como parte de un plan militar del gobierno para intentar recobrar la libertad de los plagiados, reporteros de investigación de los periódicos “La República” y “El Comercio” confirmaron la existencia del plan de rescate.

 

Portadas

Primera plana de “La República” y “El Comercio”, 07/03/97.

En el caso de “La República”, los reporteros Edmundo Cruz y Óscar Libón, de la Unidad de Investigación, desde enero de ese año habían iniciado el proceso de verificación de la excavación. Solo después que públicamente Cerpa denunció los trabajos del túnel, los periodistas publicaron el resultado de sus indagaciones.

Cruz y Libón dieron cuenta así de sus hallazgos en el reportaje titulado “El SIN construyó túnel”:

“En la tercera semana de enero, reporteros de ‘La República’ observaron y lograron fotografiar y filmar desplazamientos diarios nocturnos de vehículos policiales que salían de una vivienda ubicada en la parte posterior de la residencia del embajador japonés, en la segunda cuadra de Guillermo Marconi”.

“El periódico inició la vigilancia de dicho extraño movimiento de vehículos, a partir de una información confidencial sobre la supuesta construcción de un túnel planeado por el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), con la finalidad de rescatar a los 72 rehenes sometidos por un comando del MRTA”.

 

TEXTO LA REPUBLICA EL TUNEL SI EXISTE

“La República”, 07/03/97.

Los reporteros resaltaron que hacía varias semanas que descubrieron el plan del SIN, pero resolvieron publicar la información luego que Néstor Cerpa anunció la interrupción del diálogo en represalia por la constatación de que el gobierno había optado por la solución militar. Cruz y Libón registraron a vehículos que trasladaban la tierra obtenida de la excavación a la sede del SIN, en Las Palmas, Chorrillos.

Los periodistas escribieron:

“Por razones obvias, se decidió guardar la información recogida en el más absoluto secreto, hasta que, ahora, las evidencias hechas públicas obligan a difundir esta información con exclusivos fines periodísticos”.

 

TEXTO LA REPUBLICA EL TUNEL SI EXISTE

“La República”, 07/03/97.

 

El mismo siete de marzo de 1997, el reportero Miguel Ramírez, de la Unidad de Investigación del diario “El Comercio”, publicó un informe en el que confirmaba la revelación de Néstor Cerpa.

En la portada de “El Comercio” de ese día, como lo hizo “La República”, apareció un gráfico en el que se describe el plan de rescate mediante la excavación con el siguiente texto: “Por la misma ruta que emplearon los terroristas del MRTA para ingresar a la residencia del embajador del Japón, se habría excavado un túnel para introducirse a la casa tomada”.

EC1El Comercio”, 07/03/97.

 

En el gráfico se incluye la fotografía de la casa de la calle Marconi por donde habían incursionados los terroristas. En coincidencia con “La República”, el diario “El Comercio” señala que por ese mismo lugar se iniciaba el túnel: “El vivero (de la calle Marconi) concitó gran atención el día de ayer, pues se especuló inicialmente que ahí nacía el túnel. Más adelante, ‘El Comercio’ tuvo información que precisaba que aquel comenzaba en la vivienda ubicada en Marconi 225. Los montículos de tierra que aparecen en la foto procederían de la excavación y habrían sido llevados hasta el lugar, donde se realizan trabajos de construcción, a fin de no llamar la atención”.

En la página A6, bajo el título “Inteligencia del Ejército propuso ingresar por un túnel. Planteamiento fue hecho cuatro días después de la toma de la residencia”, Miguel Ramírez reportó la información que había obtenido sobre el plan militar del SIN:

“La posibilidad de ingresar a la residencia de la embajada de Japón a través de un túnel, en caso de que se tuviera que recurrir a una medida de fuerza, fue planteada por la Dirección de Inteligencia del Ejército (Dinte), en diciembre del año pasado (1996), reveló ayer una fuente de un servicio de Inteligencia”.

EC12

“El Comercio”, 07/03/97.

 

Y añadió:

“El plan para ingresar por un túnel fue propuesto por un coronel perteneciente a la Dinte; en ese momento no se aprobó, pero tampoco fue desechado. La fuente dijo que desconocía si posteriormente el plan comenzó a ser ejecutado por agentes de la Dinte o se le encargó a otro organismo. Lo cierto es que, de ser veraz la denuncia del cabecilla Néstor Cerpa Cartolini hecha pública ayer, el túnel se llegó a construir”.

La diferencia entre los reportajes de “La República” y “El Comercio” es que en el primer caso los periodistas Cruz y Libón desplegaron un minucioso y sistemático proceso de verificación de la ruta de los vehículos policiales hacia la sede del SIN con toneladas de tierra de la excavación. En el segundo caso, la información la obtuvieron de una fuente propia:

“La fuente señaló que los grupos de la policía asignados a dar seguridad en los exteriores de la residencia japonesa han visto y reportado a sus superiores un profuso, aunque discreto, tránsito de camionetas grandes herméticamente cerradas y prácticamente ‘aplastadas’ porel peso que llevaban en su interior. Estas camionetas, según la versión de la fuente, salían en horas de la madrugada desde una casa ubicada en la calle Barcelona, adyacente a la residencia nipona”.

De modo que “La República” y “El Comercio” por sus propios medios habían obtenido la información sobre la construcción del túnel para rescatar a los rehenes de la residencia del embajador japonés como parte de un plan del SIN. Nada más que la mantuvieron reservada hasta que el líder terrorista Néstor Cerpa acusó al gobierno de planificar un ataque militar mediante una infiltración de fuerzas por una excavación subterránea.

Esta es la verdadera historia.

Hipocresía 0

Enviado el Enero 09, 2014 por asuntosinternos

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Aldo y Los Pasteles Verdes, 1976 (Foto: Infopesa).

 

Las canciones de amor tienen su propia historia y nadie las canta. “Esclavo y amo”, la arrolladora balada con la que Los Pasteles Verdes incendiaron de romanticismo el continente en 1974, resonó cuarenta años después en el Festival de Cannes, Francia. “Esclavo y amo”, originalmente un bolero del mexicano José Vaca Flores convertido en éxito por el ídolo Javier Solís, en 1961, es el tema principal de la película Heli, de Amat Escalante, premiado como mejor director en el certamen cinematográfico. Heli es la trágica historia de amor de dos jóvenes en medio de la narcoguerra en México. Su repercusión ha devuelto a la actualidad a los peruanos de Los Pasteles Verdes cuyas canciones han marcado con fuego a generaciones completas. Amat Escalante (28 de febrero de 1979), no había nacido cuando “Esclavo y amo”, cantada por el inigualable Aldo Guibovich Salazar (Chimbote, 19 de abril de 1953), encendió los corazones de los enamorados de norte a sur, de este a oeste, de día y de noche.

“Esclavo y amo” apareció en el segundo álbum de la banda de Chimbote, Los Pasteles Verdes Volumen II (1974). El grupo fue descubierto por el productor Alberto Maraví Chombo, que los transformó de músicos de cumbia instrumental a baladistas de nota para competir con Los Ángeles Negros, Los Galos, Los Iracundos y Los Golpes. Maraví escogió para el cuarto disco de la banda, Mi amor imposible (1976), una canción napolitana que interpretó Ángela Luce: “Hipocresía”, escrita por los italianos Eduardo Alfieri y Pino Giordano, con la que quedó en segundo lugar en el Festival de San Remo, en 1975. Con un olfato extraordinario para encontrar tesoros musicales, Maraví viajó hasta Italia para comprar los derechos sobre el tema. Como era de esperarse, la descorazonada balada rápidamente se filtró en las listas de los número uno de todo el mundo. En Puerto Rico, el latigazo de “Hipocresía” alcanzó a un cantante aficionado, el puertorriqueño Felipe Muñiz, quien a su vez se la hizo escuchar a su pequeño hijo Marco Antonio, de ocho años. Desde entonces, el niño jamás la olvidó. Más de tres décadas después, bajo el nombre artístico de Marc Anthony, ha grabado la canción en tiempo de salsa para su último álbum, 3.0 (2013).

 

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Los Pasteles Verdes y Alberto Maraví en la sala de grabación (Foto: Infopesa).

Herencia natural

“Mi papá me ha influenciado en todo: en mi forma de interpretar, de vivir sano, en mi filosofía. Papá me crió cantando. Él era cantante, músico y compositor. Él me hizo escuchar ‘Hipocresía’ de Los Pasteles Verdes”, recordó Marc Anthony a la prensa de Montevideo, donde se presentó en noviembre último. Las letras de “Hipocresía” que interpreta el salsero corresponden a la versión en español que hicieron del tema italiano el productor Alberto Maraví y Los Pasteles Verdes.

“Sí, es la canción que hicimos juntos. En uno de mis viajes por el Festival de San Remo escuché el tema y busqué al dueño de los derechos. En Lima pedí a Los Pasteles Verdes que hicieran una versión. No me gustaron las primeras. Después de varios ajustes, Aldo Guibovich, el cantante, encontró el tono justo. ‘Hipocresía’ no es fácil. Contiene mucho drama. Es la historia de alguien que trata de recuperar un amor no correspondido. Ese sentido es lo que Marc Anthony respeta del tema que hicieron Los Pasteles Verdes”, explica Alberto Maraví.

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Alberto Maraví y Aldo Guibovich (Foto: Infopesa).

Al comienzo Los Pasteles Verdes eran solamente Los Pasteles. Cambiaron de nombre cuando improvisaron una presentación en la parroquia de su barrio, en la Urbanización El Carmen, en Chimbote. Después de escucharlos, el sacerdote les dijo: “¡Estos pasteles todavía están verdes!”. Y se quedaron con el nuevo título que les pareció mejor que el original. Se presentaron como Los Pasteles Verdes ante el productor Alberto Maraví, que viajó hasta el puerto norteño en busca de nuevas bandas. Luego de haberlos escuchado interpretar versiones de cumbia instrumental que no lo entusiasmaron demasiado, el director del grupo, Hugo Acuña, le pidió a Maraví que le permitiera cantar una balada al utilero de los músicos, un muchachito muy delgado de 19 años. Soltó el bolero “Angelitos Negros”, un poema del venezolano Andrés Eloy Blanco convertido en bolero por el azteca Manuel “Maciste” Álvarez, grabado en 1948 por Pedro Infante. Maraví dio un brinco y les dijo a todos: “¡Esto es lo que tienen que hacer! ¡Baladas! No hay ningún grupo peruano que lo haga”. El cantante era Aldo Guibovich. “Angelitos Negros” sería parte del repertorio del disco debut, Recuerdos de una noche (1973), título de la balada del mismo nombre de Fernando Arias, un joven compositor de los chimbotanos que conquistó a cuanto romántico encontró a su paso. También sonó mucho la versión de “El Reloj”, del mexicano Roberto Cantoral.

“Hicimos nueve álbumes y todos fueron un tremendo éxito. Nos tumbamos a Los Ángeles Negros”, afirma Maraví, que recompuso la banda en 1977, luego que el director Hugo Acuña, y su hermano el tecladista César Acuña, y otros músicos, rompieron el grupo por desavenencias. Maraví recompuso a la banda con otros componentes bajo el nombre de Aldo y Los Pasteles Verdes. El nuevo combinado fue el que grabó precisamente “Hipocresía”, que los devolvió a la cima. Luego de casi cuatro décadas, Marc Anthony ha reactualizado el tema original de Alfieri y Giordano, sin seguramente conocer la verdadera historia de esta canción de amor.

“Iprocrisia”, la versión original por Ángela Luce:

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“Esclavo y amo”, la versión original de Javier Solís:

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“Hipocresía”, por Los Pasteles Verdes:

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“Esclavo y amo”, por Los Pasteles Verdes.

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