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Archive for Abril, 2012


Prensa de guerra 9

Enviado el Abril 25, 2012 por asuntosinternos

Qué fácil es escribir sobre la guerra desde un cómodo sillón.

El encuentro que reporteros de “La República”, “El Comercio” y “24 Horas” sostuvieron con una columna senderista encabezada por el “camarada Gabriel”, cuando salieron en busca de un helicóptero derribado cuya pérdida no había sido reconocida por el gobierno, exaltó la crítica de un sector de colegas por haber servido de “caja de resonancia” del grupo alzado en armas. Unos cuestionaron que se le ofreciera tribuna a un criminal que se solazaba por el reciente asesinato de policías y militares, y otros deslizaron que se trató de un montaje. En cualquiera de los dos casos, los críticos nunca preguntaron a los protagonistas lo que había pasado en Alto Lagunas, lo que indica que no les interesaba conocer la verdad sino lucirse en el viejo deporte nacional del raje, la mala leche y la envidia.

Como todo reportero que se respeta, a pesar del temor y el estrés de estar rodeados y encañonados por una agrupación cuyos fusiles pocos días antes habían liquidado a varias personas, cumplieron con su misión.

Esa es la labor de un corresponsal de guerra. Nada más ni nada menos que contar la guerra, aunque le guste o no a alguno de los bandos, ni al propio periodista.

El reportero inglés del periódico “The Times”, George Steer, se infiltró en Guernica después que una horda de bombarderos nazis Ju-52, liderados por el teniente coronel Wolfram von Richtofen, al servicio del golpista Francisco Franco, atacó a la población civil, en 1937. Steer puso en riesgo el pellejo y relató la masacre a todo el mundo. Los franquistas acusaron de “agente comunista” a Steer.

George Steer, 1940.

Después del lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima, en 1945, el ejército estadounidense tendió un cerco para impedir que la prensa informara sobre los efectos de la radiación en los seres humanos. El reportero australiano Wilfred Burchett burló la censura y entrevistó a los sobrevivientes en los hospitales y escribió un desgarrador reportaje, “La plaga atómica”, que publicó el periódico londinense “Daily Express”. Fue el primer periodista occidental en revelar las atrocidades de la bomba. El general Douglas McArthur acusó a Burchett de “propagandista japonés”.

Wilfred Burchett, 1953.

Mientras que el dictador Fulgencio Batista declaraba que Fidel Castro estaba muerto y que su ejército rebelde había sido arrasado, el corresponsal del diario “The New York Times”, Herbert Matthews, lo entrevistó en la clandestinidad en Sierra Maestra, en 1957. No solo constató que estaba vivo sino que avanzaba con dirección a La Habana. El dictador Fulgencio Batista alegó que era falsa la historia y atribuyó a Matthews haber fabricado el encuentro.

Herbert Matthews, 1960.

Durante el conflicto de Vietnam, cuando el presidente John Kennedy anunciaba el inminente triunfo norteamericano sobre los comunistas, el periodista David Halberstam informaba que sucedía todo lo contrario. El pueblo vietnamita odiaba a los invasores estadounidenses y perdía la guerra. Kennedy exigió al director del diario “The New York Times” que relevara a Halberstam porque sus despachos estaban repletos de mentiras, glorificaba al enemigo y dañaba la moral delas tropas norteamericanas. “Es un traidor a la patria”, le dijo. El director se negó. Halberstam continuó en Vietnam y se ganó el premio Pulitzer, en 1964.

David Halberstam, 1963.

Seymour Hersh, en este caso un periodista independiente, en el sentido de que no trabajaba para ningún gran medio de comunicación, descubrió que las tropas estadounidenses masacraron a más de 400 pobladores de una aldea agrícola llamada My Lai, en represalia por una emboscada de los vietcong, en 1968. Gran parte de las víctimas eran niños. Un juicio militar secreto se ventilaba contra los asesinos para que el público no se enterara de lo sucedido. La gran prensa de Estados Unidos, alineada a favor de la guerra contra los comunistas de Vietnam, no le dio crédito a la información bajo el argumento de afectaba el patriotismo estadounidense. Hasta que el periodista Joe Eszterhas, del diario “The Plain Dealer”, de Ohio, consiguió y publicó fotografías de la matanza, lo que confirmó lo revelado por Hersh. En 1970 le dieron el Pulitzer.

Seymour Hersh, 1975.

Recientemente, el corresponsal del periódico madrileño “El Mundo”, Javier Espinosa, fue víctima de acoso por parte del régimen de Siria por reportar las atrocidades cometidas por las tropas del tirano Bashar Al-Assad en la ciudad rebelde de Homs. Creyeron que lo habían matado y difundieron la noticia. Espinoza estaba vivo, a diferencia de dos colegas, uno de la revista “Paris Match” y otra del diario “Sunday Times”, que cayeron víctimas de un bombardeo.

Espinoza sobrevivió para decir una gran verdad: “Periodismo es ir al lugar del conflicto y contar todas las historias que se encuentran”. Eso es lo que hicieron los reporteros que tropezaron con “Gabriel”. El periodismo de guerra no se hace desde un mullido sillón.



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