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Vargas Llosa salvado por el periodismo 6

Enviado el noviembre 04, 2010 por asuntosinternos

Toda la influencia del periodismo en los libros del Premio Nobel de Literatura 2010

El periodismo salvó la carrera literaria de Mario Vargas Llosa. La aparición de El sueño del celta (2010), lo confirma. El novelista conoció la historia del británico Roger Casement cuando leyó una biografía de uno de sus escritores favoritos, Józef Teodor Konrad Korzeniowski, más conocido como Joseph Conrad, el autor de El corazón de las tinieblas (1902). Al escritor le entusiasmó mucho más la cautivadora biografía de Casement al enterarse que estuvo en Perú para reportar los escalofriantes abusos que los caucheros inflingían a los indígenas amazónicos.. Como si se tratara de un veterano reportero de guerras, Vargas Llosa viajó a todos los escenarios, desde los que Casement informó sobre los horrores del dominio del hombre blanco sobre los nativos. Luego de haber entrevistado a decenas de especialistas y expurgado bibliotecas en Londres, Dublín, Madrid, Iquitos, y Kinshasa, entonces recién comenzó a escribir su decimoséptima novela. Una vez más, el periodismo le dio material para la ficción. Redescubrió el valor del periodismo para crear ficción después de haber publicado cinco novelas, todas construidas con la experiencia vivida: La ciudad y los perros (1963), La casa verde (1966), Conversación en La Catedral (1969), Pantaleón y las visitadoras (1973) y La tía Julia y el escribidor (1977). Después dio un espectacular giro. Recurrió al reporterismo callejero, a la investigación periodística, al viejo oficio con el que se inició a los 15 años en el diario “La Crónica”, para emprender una nueva etapa literaria con una novela sobre la rebelión de los Canudos, en Brasil. Para forjar La guerra del fin del mundo (1981) retomaría el periodismo, al que había abandonado durante veinte años, para buscar historias verdaderas y transformarlas en ficción. Transformado en reportero de la historia, durante cuatro años se dedicó como un poseso a reconstruir lo que sucedió en los fatídicos años 1896 y 1897 en los áridos sertones, por donde anduvo el fantasmal Antonio Conselheiro. Leyó todo lo que se había escrito sobre el tema, revisó los archivos con documentos originales donde están registrados los hechos e hizo un viaje hasta los escenarios donde se desenvolvieron los episodios violentos. Luego de haberse informado concienzudamente hasta dominar los detalles como un perito, Vargas Llosa se despojó de la condición de periodista para contar como diestro novelista su propia versión de lo que llamó La guerra del fin del mundo (1981). Leer el resto de la nota →



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