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Porque no siempre lo que se ve es como parece

Melissa Alfaro, 20 años después

Posted on octubre 10, 2011 by Juan Alvarez Morales

El 10 de octubre de 1991, la reportera Melissa Alfaro, aún estudiante de la Escuela de Periodismo Jaime Bausate y Meza, murió víctima de una carta-bomba que estalló en la revista Cambio, donde practicaba. 20 años después su madre, Norma Méndez, aún busca sanción para los asesinos, y se reconozca la inocencia de su hija.

¿Recuerda cómo se enteró de la muerte de Melissa?

Fue una experiencia traumática. Yo vivía en Ventanilla, pero ese día visitaba a una amiga en Breña, y en pleno almuerzo vi que ella se puso frente al televisor…

Como para que Ud. no vea…

Sí, y yo preguntaba qué pasaba y ella me decía que no vea, pero pude ver el nombre: ‘Melissa Alfaro’. Insistí y leí que hubo un atentado en la revista Cambio. Entonces pedí saber qué pasaba y fuimos a la comisaría de Petit Thouars. Ahí me dijeron, con frialdad, que ella había muerto. Para mí fue terrible, pero igual corrí al semanario. Me retuvieron en la puerta, pero yo pedí verla. No me dejaban, e insistí diciendo que la tenía que ver antes de que se la lleven a la morgue…

¿Llegó a verla?

Sí, pero solo porque les hice escándalo. Ellos no entendían que yo debía despedirme de mi hija… Ella no podía irse así… y sí, me pude despedir. Y eso, a pesar de lo duro que fue, me dio tranquilidad. Siempre trato de no pensar en cómo estaba cuando la vi. Eso me mata…

¿Usted la apoyó cuando quiso ser periodista?

Desde el tercero de secundaria expresó su deseo de ser reportera. Ella entra a Bausate en 1988 y la época difícil llegó después de los 90, entonces entró al semanario…

¿Usted había escuchado hablar del semanario Cambio?

Nunca. Cuando ingresó a Bausate y vino la necesidad, porque ella vio que ni su papá ni yo, que estábamos separados, podíamos sostener sus estudios, empezó a buscar trabajo. Se fue a varios programas, pero en ninguno le daban un céntimo y lo dejaba. Porque no era solo practicar, había que pagar la comida, los pasajes desde Ventanilla. Así que un día me cuenta que una publicación le ofrecía pagarle pasajes y darle almuerzo, por lo que había decidido mudarse a la casa de su tía, en Jesús María, que estaba cerca de la escuela y a la revista… Yo ni pregunté qué revista era.

¿Qué fue lo más difícil de superar luego de la tragedia?

El terror de enfrentar a Fujimori. Hemos sido perseguidos, sujetos de reglaje, de amenazas veladas por teléfono y a la puerta…

Porque desde el principio se trató de señalar a Melissa como integrante del MRTA…

Desde el lado oficial, sí, quisieron vincularla al MRTA; pero en el lado real, quien la conoció sabe que nunca tuvo ideología parecida. Ella tenía conciencia social…

Preocupación por el otro…

Sí, ella sabía que si en familia pasábamos cosas difíciles, otros la pasaban peor. Con el periodismo, conoció más eso, y le afectaba.

¿Cómo empieza su lucha por buscar justicia para Melissa?

Cambio empezó a publicar denuncias, pero en abril de 1992 la revista fue allanada, desaparece el archivo, y los periodistas empiezan a ser acusados de apología al terrorismo, y eso los lleva a cubrirse, aunque debo reconocer que sí hicieron los trámites para la denuncia formal ante la Fiscalía.

¿Cuánto se pudo avanzar?

Nada, ni siquiera porque la Comisión Episcopal de Acción Social tomó el caso. Ellos presentaron una documentación, pero les decían que era difícil sin acceso a la información policial. En verdad, nunca hubo investigación seria…

¿La formación de la CVR no generó expectativas en Ud.?

No mucho, porque no generó apoyo a las investigaciones. Los que me apoyaron fueron los comprometidos de siempre. Era complicado, porque cuando Fujimori dio el golpe de Estado despidió a los jueces y desapareció el expediente inicial del caso de mi hija. No hay pruebas de que uno haya empezado un expediente antes.

¿Pero no se relacionó con atentados similares?

Siempre se ha relacionado, pero solo en el ámbito periodístico, sobre todo a partir de la revelación del plan León Dormido…

Pero en el ámbito judicial…

Nada. Yo batallo desde el 2004, cuando por orden de la Corte Interamericana se indica que los casos de lesa humanidad no prescriben, y el gobierno anula leyes de amnistía a violadores de DDHH. Entonces decidí volver a empezar.

Con el apoyo de familiares de otras víctimas de la violencia…

Sí, con ellas me sentí acompañada. En muchos casos la situación es peor. Yo tengo el cadáver de mi hija, puedo visitarla, pero… ¿y las madres de los desaparecidos?

Evidentemente, su lucha es también contra el olvido…

Lucho para que recordemos a nuestras autoridades, responsables de defendernos, que no vuelvan a atacarnos; y que evitemos que hordas asesinas como Sendero y el MRTA vuelvan a atacarnos. Hemos estado entre dos fuegos, y el Estado tenía la misión de protegernos. No hacerlo también fue un crimen.

“Melissa solo quería ser periodista…”

¿En qué punto está el caso?

Por definirse si pasa a juicio oral. Las probabilidades son altas, pero se ha declarado no complejo el caso y que el Estado no es tercero civil responsable. Se ha apelado, y estamos a la espera de una decisión de la Fiscalía Superior.

¿Qué busca usted?

Justicia, que se castigue a los responsables de la muerte de Melissa, y que paguen su culpa. Estoy convencida de que esto ha sido una violación, un atentado digitado por el gobierno de Fujimori…

¿Cree que de todas maneras alcanzará la justicia?

Sí, pese a todo tengo confianza en la Justicia.

¿Qué necesita para que eso se concrete pronto?

Todas las pruebas se las han llevado Seguridad del Estado, las Fuerzas Armadas. El Estado debe ordenar por ley que las FFAA alcancen esas informaciones a la justicia.

¿Cómo quisiera que se recuerde a Melissa?

Como una profesional comprometida con su trabajo. Quisiera que se limpie su imagen. Mi hija no fue terrorista, no fue emerretista. Siempre fue de ideas progresistas, tal vez socialistas, de izquierda, pero nunca amante de matar a nadie. Melissa solo quería poner un granito de arena para que nuestro país cambie. Ella sabía que el poder de la pluma es grande cuando es bien utilizado, pero desastroso cuando es mal utilizado… Melissa solo quería ser periodista.

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