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Porque no siempre lo que se ve es como parece

Entre las masas y las redes

Posted on abril 03, 2011 by Juan Alvarez Morales

El Dossier de La República, una guía útil para los electores peruanos.

Como no había sucedido en tiempos recientes, cinco candidatos tienen posibilidades de pasar a la segunda vuelta y, en ella, ver fortalecer sus aspiraciones presidenciales. Y en el medio de esa disputa, para variar, un elector desconcertado.

De aquí al 10 de abril serán horas difíciles para los candidatos y para los electores. Ante el silencio obligado de las encuestadoras, serán días y noches plagados de rumores y trascendidos, de revelaciones inesperadas y evocaciones forzadas que perjudican a unos y benefician a otros. Ya se sabía que en esta carrera electoral, la del 2011, iba a ser singularmente accidentada, pero nunca tanto.

Sin embargo, cuidado, el ‘boca a boca’ de antaño se ha sofisticado. No es más el ‘radio bemba’ popular y elemental. Ahora se llama ‘Facebook’ y ‘Twitter’, redes sociales que hace rato traspasaron el muro de las cabinas, pues mucha gente las tiene en casa y/o las lleva en los bolsillos con versátiles ‘teléfonos inteligentes’.

Es verdad, la esquina, el mercado y los taxis aún son los espacios de diálogo fresco y ocurrente, pero también interesado y maledicente; sin embargo, ahora las reputaciones y desprestigios se construyen también en Internet, ese universo virtual que aunque paralelo, por ocasiones linda con lo real.

Lo singular es que, por estos días, esa aproximación a algunos conduce a la confusión. Por eso de pronto los candidatos se empecinan por enfrascarse en competencias de quién tiene más ‘amixers’ o ‘@followers’, o quién genera más ‘me gusta’; al punto que quien gana en ese escenario intangible cree que también gana en el concreto. Hasta que una encuesta más rural lo devuelve a la realidad.

Sí pues, las encuestas. Poner en duda las cifras que resultan de esos estudios de opinión pública es un clásico de los procesos electorales, sobre todo de parte de quienes no son favorecidos. El elector también pregona que no cree en ellas porque están hechas a medida de uno u otro grupo de poder político o económico, pero vaya que las espera con ansiedad, las comenta con emoción y las difunde con entusiasmo. Por eso sufre al saber que las últimas se publicarán este domingo, justo después del debate; aunque, naturalmente, la abstinencia lo podría conducir a la desesperación y, de allí, a solo un paso, a la frustración.
A propósito del debate, todo indica que en la actual coyuntura esa confrontación entre candidatos ha sido crucial en la afirmación o desplazamiento de intenciones de voto. Lo difícil de precisar es si ese movimiento será producto de una auténtica reflexión del elector según las propuestas oídas esa noche o, más bien, resultado de los infaltables gestos a las cámaras o guiños a la audiencia.

Porque nadie puede negar que, como en el boxeo (y a veces el fútbol), lo que la mayoría espera de un debate (y del proceso electoral en sí) es el golpe en el rostro, la zancadilla artera, el pase del desprecio. ¿Y esa actitud provocadora es proporcional al incremento de votos? Es probable, por eso los marketeros políticos se esmeran en preparar a sus candidatos para la lucha cuerpo a cuerpo, pico a pico.

Sin embargo, aquí surge otra característica singular de esta campaña 2011. Como pocas veces, el estar expuesto a lo ridículo ha sido inmejorable trampolín a la fama, y de ahí a la cima. Muchos se han escandalizado con disfraces absurdos para hacer olvidar un pasado oscuro, bailes ridículos para resaltar en el enjambre de postulantes, e inéditos tocamientos a potenciales presidentes para hacer saber que “son del pueblo”… pero igual han estado pegados a la evolución de ese reality informativo.

Pero, tranquilo. Lo bueno de un escenario político tan deprimente es que conduce a pensar que más bajo no se puede caer. Por eso, marque la diferencia. Sea un elector informado, y esfuércese por asumir una posición coherente. Es verdad que no cambiará todo de pronto, pero vaya que habrá dado un gran paso. Sus hijos se lo agradecerán.

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